Hallan sin vida a anciano desaparecido en Cienfuegos a finales de 2025
El anciano salió de su vivienda un viernes en la mañana para cortar leña, pero no regresó
El hallazgo del cuerpo sin vida de Miguel, un adulto mayor reportado como desaparecido desde el 19 de diciembre de 2025, puso fin el pasado 6 de enero a más de dos semanas de búsqueda en el poblado de Espartaco, municipio Palmira, en Cienfuegos.
El caso estuvo marcado por la precariedad material, la demora institucional y el aislamiento familiar en medio de una creciente vulnerabilidad social en la Isla.
Miguel salió de su vivienda en los edificios biplantas de Espartaco un viernes en la mañana para continuar cortando leña en el campo.
Era una actividad de subsistencia que realizaba para poder cocinar y obtener ingresos mínimos mediante la venta de carbón. No volvió a casa. Familiares y vecinos denunciaron su desaparición ese mismo día y comenzaron a buscarlo por cuenta propia.
Búsqueda limitada y respuesta tardía de las autoridades
Según relató en Facebook la usuaria Yaiset Rodríguez Fernández, la Policía solo se incorporó a las labores de rastreo durante la primera jornada. El delegado del pueblo apareció ocho días después. Sin resultados ni explicaciones, el 5 de enero se dio por concluida oficialmente la búsqueda.
Un día más tarde, un joven que pescaba en el Canal, por la zona de Maraboto, encontró parte del cuerpo de Miguel dentro del agua. Horas después, el resto fue localizado en un área cercana.
Hasta el momento, las autoridades no han informado las causas del fallecimiento ni han aclarado cuánto tiempo permaneció el cuerpo en el lugar.
Una familia rota por la cárcel y la migración
Espartaco es una antigua comunidad azucarera de alrededor de 4.000 habitantes, donde la situación personal de Miguel era conocida.
Su único hijo cumple condena en prisión, lo que dejó al anciano como principal sostén del hogar. También tenía bajo su cuidado a dos nietos menores, luego de que la madre emigrara sola en busca de mejores condiciones de vida fuera del país.
Durante los días de búsqueda, la esposa de Miguel, también de edad avanzada, sufrió una caída que le provocó la fractura de un brazo mientras intentaba encontrarlo. A pesar de la lesión, la familia continuó recorriendo la zona sin apoyo sistemático de las instituciones estatales.
En la primera publicación, que solicitaba ayuda para localizarlo, se alertaba que Miguel padecía demencia, aunque no se precisó si existía un diagnóstico médico oficial. Personas cercanas confirmaron que sufría lagunas mentales frecuentes, asociadas a un cuadro depresivo severo tras visitar a su hijo en la prisión provincial de Ariza.
El caso provocó numerosas reacciones en redes sociales. Usuarios expresaron dolor, indignación y solidaridad, y denunciaron el abandono que enfrentan muchos adultos mayores en Cuba, especialmente aquellos sin redes de apoyo ni recursos económicos.



