Otra de la potencia médica: fallece joven en Camagüey por falta de medicamentos
Mientras el régimen trata de culpar a factores externos, su falta de inversión en el sector salud sigue cobrando víctimas
Una mujer de 26 años identificada como Ana Ivis Suárez falleció la mañana del sábado 7 de febrero en el Hospital Provincial de Camagüey tras tres días en estado crítico sin recibir un medicamento esencial para su tratamiento.
La víctima permaneció entubada en terapia intensiva, pero el hospital no contaba con norepinefrina, una sustancia indispensable para estabilizar la presión arterial en pacientes con shock o fallas graves, según denunció en Facebook el periodista independiente José Luis Tan Estrada.
Familiares de Ana Ivis relataron que su madre recorrió instalaciones de salud, consultó a contactos y recurrió a las redes sociales buscando el fármaco que podía salvar la vida de su hija, sin éxito.
Las respuestas que recibió fueron constantes: el medicamento no estaba disponible en ninguna farmacia u hospital del territorio. La falta de norepinefrina, un medicamento básico en cuidados intensivos, refleja la crisis profunda del sistema sanitario cubano, donde escasean medicamentos esenciales y equipos clínicos.
El propio régimen ha reconocido sin querer la magnitud de esta crisis sanitaria, aunque con cifras diferentes a las reportadas por residentes y pacientes.
Las autoridades de salud en Cuba han reconocido oficialmente la crisis de medicamentos. En julio de 2025, el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, admitió que el país enfrenta una crisis estructural en el sistema de salud, con cobertura de apenas un 30 % del cuadro básico de medicamentos y un deterioro general de los servicios médicos, incluida la falta de antibióticos y otros fármacos fundamentales.
El problema no se limita a Camagüey. La escasez de medicamentos en toda la isla ha alcanzado niveles críticos, sin siquiera medicinas como paracetamol, salbutamol o analgésicos básicos disponibles por una falta de inversión del gobierno.
La situación ha obligado a muchos cubanos a recurrir al mercado negro o a depender de ayuda externa para conseguir tratamientos básicos, pero muchas veces no lo consiguen, como ocurrió en diciembre pasado con un bebé de apenas 2 meses en Ciego de Ávila.
El desabasto también ha afectado a pacientes con enfermedades crónicas y vulnerables. Grupos como personas con diabetes, hipertensión, asma y pacientes materno-infantiles enfrentan grandes dificultades para acceder a sus medicinas habituales, una situación que pone en riesgo la vida de quienes necesitan tratamientos continuos.
La crisis sanitaria en Cuba se ha visto agravada por la falta de inversión del régimen en sus hospitales, la falta de preparación de sus profesionales de la salud y la escasez de equipamiento médico.
Las largas filas en las farmacias, el racionamiento de medicamentos y la venta informal en las calles son síntomas de un sistema de salud que no puede cubrir las necesidades más básicas de la población.
Casos como el de Ana Ivis Suárez se suman a otros miles de informes de pacientes que no han recibido tratamientos oportunos por la falta de medicinas, y que tienen que recurrir a la caridad del exilio para conseguirlas.
Hace unos meses, un niño de cinco años murió en Santiago de Cuba por causa de un medicamento caducado, que su familia había conseguido en el mercado negro por no encontrarlo en la farmacia.
También pacientes de cirugía han tenido que sobreponerse sin analgésicos para el dolor ni antibióticos, lo que ha puesto su vida en riesgo en incontables ocasiones, como fue el caso de una joven tras ser asaltada, apuñalada y operada de emergencia.
Mientras el gobierno cubano sigue justificando la escasez parcial en causas externas, como el embargo estadounidense, que no incluye medicamentos ni alimentos, y se sigue promocionando como “potencia médica” ante el extranjero, la población sufre directamente las consecuencias de la crisis sanitaria, en muchos casos con resultados fatales.



