El turismo internacional en Cuba cayó 58,4 % entre enero y mayo de 2026, al recibir solo 359.491 visitantes, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información.
El desplome, confirmado tras un mayo con apenas 30.883 viajeros, profundiza la crisis de uno de los sectores clave para la entrada de divisas en la isla.
La contracción golpea al transporte, la gastronomía, los servicios y la ocupación hotelera. También evidencia el fracaso de la estrategia oficial de sostener la recuperación económica mediante el turismo, en medio de apagones, escasez de combustible, deterioro de la infraestructura y menor conectividad aérea.
| País o segmento | Visitantes enero-mayo 2026 | Caída interanual |
|---|---|---|
| Canadá | 126.239 | -67,4 % |
| Estados Unidos | 25.572 | -55,3 % |
| Rusia | 21.136 | -62,5 % |
| Cubanos en el exterior | 60.874 | -39 % |
Canadá, principal mercado emisor de turistas hacia Cuba, registró una de las caídas más severas. Entre enero y mayo llegaron 126.239 visitantes canadienses, frente a 387.396 en igual período de 2025. La baja fue de 67,4 %, según las cifras oficiales.
El deterioro mensual fue aún más marcado. Los viajeros procedentes de Canadá pasaron de cerca de 100.000 en enero a menos de 800 en mayo. La tendencia confirma una pérdida acelerada del mercado que durante años sostuvo buena parte de la actividad turística cubana.
Estados Unidos también redujo sus viajes a la isla. En los primeros cinco meses del año se reportaron 25.572 visitantes desde ese país, un descenso de 55,3 %. Rusia, promovida por La Habana como alternativa ante la caída de otros mercados, aportó 21.136 viajeros, para una contracción de 62,5 %.
Las visitas de cubanos residentes en el extranjero también disminuyeron. Entre enero y mayo llegaron 60.874 personas de ese segmento, 39 % menos que un año antes. Sin embargo, su peso relativo aumentó en mayo hasta representar casi la mitad de los visitantes registrados.
Ese dato refleja la magnitud del retroceso entre los turistas extranjeros tradicionales. La diáspora, pese a viajar menos, se mantiene como uno de los pocos soportes de un sector que pierde capacidad para atraer visitantes por ocio, descanso o inversión.
El impacto ya se observa en los hoteles. Durante el primer trimestre de 2026, la ocupación cayó a 12,9 %, por debajo del 23,7 % registrado en igual etapa de 2025. La cifra contrasta con la apuesta del régimen por ampliar la infraestructura hotelera aun en plena crisis económica.
Los números actuales están muy por debajo de los máximos recientes. Cuba recibió 4.6 millones de visitantes en 2018 y 4.2 millones en 2019, años vinculados al deshielo con Washington y a una mayor flexibilización de los viajes. En 2025 apenas superó los 1,8 millones, lejos de la meta oficial de 2,6 millones.
La crisis se agrava por factores internos y externos. A los apagones, la escasez de combustible y el deterioro de servicios se suma la presión de Estados Unidos desde principios de año, que habría afectado rutas aéreas no procedentes del continente americano y la operación de grandes hoteleras internacionales.
El panorama cubano contrasta con destinos del Caribe como Punta Cana y Cancún, que registran máximos históricos tras la pandemia. En la isla, la crisis energética rebasa el turismo y afecta incluso actividades religiosas, como la producción de hostias en un monasterio de La Habana, limitada por los cortes eléctricos.