Los prolongados apagones que afectan a Cuba están obligando a residentes de La Habana a dormir en azoteas, portales, parques y el Malecón durante las noches de agosto.
El intenso calor, la humedad y la falta de ventilación convierten muchas viviendas en espacios difíciles de soportar cuando desaparece la electricidad, mientras la crisis energética continúa agravándose en 2026.
Alexis Miján, un habanero de 59 años y exprofesor de Sociología, es uno de quienes modificaron completamente su rutina. Comenzó a dormir en la azotea de su edificio junto a su hijo de 17 años, quien es ciego, después de comprobar que allí podían descansar mejor durante las extensas interrupciones del servicio eléctrico.
Una azotea convertida en dormitorio por los apagones
Cada tarde, padre e hijo trasladan sábanas, almohadas y colchas hasta el techo. El espacio está rodeado de tanques de agua, tuberías y tendederos. Algunos vecinos llevan colchones y otros colocan telas directamente sobre el concreto. Miján incluso utiliza un depósito de agua vacío para acomodar algunas almohadas.
La solución terminó extendiéndose por todo el inmueble. Casi todos los vecinos comenzaron a ocupar diferentes zonas de la azotea hasta convertirla en un dormitorio colectivo improvisado. Aunque dormir allí tampoco resulta cómodo, cualquier corriente de aire ofrece alivio frente al calor acumulado dentro de los apartamentos y la presencia constante de mosquitos.
Miján abandonó anteriormente la enseñanza de Sociología en busca de mejores condiciones económicas y actualmente trabaja como encargado de almacén en una empresa privada. Al amanecer recoge sus pertenencias, baja nuevamente a la vivienda y comienza su jornada. Cuando llega otra noche sin electricidad, el mismo proceso vuelve a repetirse.
El Malecón y los parques se llenan durante la noche
La escena se reproduce en otros puntos de La Habana. Durante los apagones, grupos de personas acuden al Malecón para aprovechar la brisa marina. Algunos llevan sábanas, mochilas o colchones, mientras otros se acuestan directamente sobre el pavimento. Parques, balcones y portales también se han convertido en refugios nocturnos.
La falta de electricidad transforma además la vida de los barrios. Algunos vecinos permanecen en las calles conversando o jugando dominó mientras los pocos generadores disponibles rompen el silencio. Los teléfonos móviles sirven como linternas improvisadas, aunque sus baterías deben conservarse porque recargarlas depende del regreso temporal de la corriente.
Crisis eléctrica afecta necesidades básicas en Cuba
Los apagones ya no representan solamente permanecer varias horas sin luz. También dificultan el descanso, la conservación de alimentos y tareas básicas dentro de los hogares. Durante 2026 se han registrado jornadas con déficits de generación superiores a los 2.000 MW. Para este domingo 16 de agosto, la afectación prevista durante el horario de máxima demanda podía alcanzar aproximadamente al 67 % del país.
Las imágenes de cubanos durmiendo fuera de sus viviendas recuerdan al llamado Período Especial de la década de 1990. Más de 30 años después, azoteas y espacios públicos vuelven a servir como alternativas ante una crisis energética que condiciona incluso algo tan elemental como dormir durante la noche.
Miján asegura que no observa una solución cercana y habla de escasez, nuevos problemas y un deterioro persistente de las condiciones. Su experiencia refleja el pesimismo de familias que cada mañana guardan colchones y sábanas sin saber si pocas horas después deberán regresar a la azotea o buscar otro espacio al aire libre para soportar una nueva madrugada sin electricidad.