Cuba depende de las importaciones para cubrir una parte importante de los alimentos que consume, una situación que expertos atribuyen a décadas de problemas estructurales, decisiones económicas internas y limitaciones externas.
Aunque la Isla cuenta con condiciones naturales favorables para la agricultura, amplias zonas cultivables y una tradición productiva en sectores como el azúcar y la ganadería, no logra producir lo necesario para garantizar la alimentación de su población.
Durante una intervención ante la Asamblea de la Resistencia Cubana, el ingeniero químico y productor agropecuario Hugo Orizondo cuestionó cómo un país con uno de los mayores potenciales agrícolas del Caribe llegó a depender del exterior para abastecer productos básicos. Con más de 50 años de experiencia en el campo, afirmó que la crisis alimentaria cubana no está determinada por la falta de recursos naturales, sino por las condiciones en que trabaja el productor.
Cuba posee un gran potencial agrícola desaprovechado
Orizondo señaló que Cuba no es un país pobre en recursos agrícolas. Recordó que cerca de tres cuartas partes del territorio cubano son llanuras y que alrededor del 60% de sus suelos tienen vocación agrícola y características favorables para la producción.
El especialista citó estudios del geógrafo cubano Leví Marrero, quien en 1957 advertía que apenas una tercera parte de los suelos de primera calidad del país estaban cultivados. Según Orizondo, décadas después la situación no habría mejorado y la brecha entre la capacidad productiva de Cuba y lo que realmente cosecha continúa ampliándose.
El productor destacó zonas como las vegas del río Cauto, las tierras de Güira de Melena, las áreas productoras de granos en Manzanillo y las antiguas cuencas ganaderas de Camagüey y Sancti Spíritus como ejemplos del potencial agrícola de la Isla.
También recordó el peso histórico de la industria azucarera, que antes de 1959 contaba con unos 150 centrales distribuidos por el país. Según explicó, la caña no solo aportaba azúcar, sino también empleo, energía mediante el bagazo y posibilidades de producción de etanol.
El campo cubano pasó de productor a depender de importaciones
A pesar de esa capacidad, la agricultura cubana enfrenta una profunda caída productiva. La producción nacional de arroz cubre una proporción cada vez menor de las necesidades del país, la industria azucarera se encuentra en niveles reducidos y la producción de leche y carne vacuna ha disminuido durante décadas.
Uno de los ejemplos más visibles es el deterioro del ganado bovino. Orizondo recordó que en la década de 1950 Cuba tenía aproximadamente seis millones de reses para una población similar en número de habitantes. Actualmente, con más población, el rebaño se ha reducido a menos de la mitad.
El experto señaló que la ganadería podría convertirse en una fuente importante de proteína nacional porque depende principalmente del pasto disponible en la Isla, a diferencia de producciones como el pollo o el cerdo, que requieren grandes cantidades de alimentos importados como soya y granos.
La dependencia alimentaria también está relacionada con la estructura agrícola del país. Especialistas han señalado que el control estatal sobre la tierra, la planificación de cultivos y sistemas como Acopio han limitado los incentivos para que productores inviertan y aumenten sus rendimientos.
Libertad, inversión y tecnología para recuperar la agricultura
Orizondo defendió que la reconstrucción agrícola de Cuba no debe basarse en una planificación centralizada, sino en dar mayor autonomía al productor. A su juicio, el campesino debe tener libertad para decidir qué sembrar, cómo producir y a quién vender sus cosechas.
Entre las condiciones necesarias para recuperar el sector mencionó la infraestructura, especialmente la reparación de caminos rurales. Según explicó, donde llega una vía de comunicación aumenta la inversión, mejora la producción y crece el valor económico de las comunidades.
También destacó la importancia de la seguridad jurídica sobre la tierra, debido a que la agricultura requiere inversiones de largo plazo. Según su análisis, nadie desarrolla una ganadería o una plantación permanente si no tiene garantías sobre el futuro de su trabajo.
Otro elemento clave es el acceso al financiamiento. El productor consideró necesario crear mecanismos que faciliten créditos agrícolas, incentivos a la banca privada o instituciones especializadas como bancos de desarrollo agropecuario.
Además, defendió la combinación entre tecnología moderna y conocimiento tradicional del campesino cubano. Explicó que en sus propias propiedades utiliza drones, inseminación artificial, transferencia de embriones y nuevas variedades agrícolas, pero advirtió que la tecnología no puede sustituir la experiencia del guajiro, quien conoce los suelos, los ciclos productivos y las características de cada finca.
La crisis agrícola cubana, según los análisis de especialistas y productores, es resultado de una combinación de factores económicos, institucionales y externos. Mientras el Gobierno cubano atribuye parte de las dificultades al embargo estadounidense, críticos del modelo señalan el peso de la falta de incentivos, la burocracia, la baja inversión y las restricciones al productor.
Para Orizondo, Cuba mantiene las condiciones para convertirse nuevamente en una nación productiva. Su conclusión fue que la escasez de alimentos no proviene de la tierra, el clima o el agua, sino de las condiciones bajo las cuales produce el agricultor cubano.
“Cuba es tierra buena. Vamos a sembrar a Cuba”, expresó al cerrar su intervención, utilizando la imagen de la parábola del sembrador para destacar que el problema no está en la semilla, sino en la tierra donde cae.