Unos 1,4 millones de estudiantes regresaron este martes a las aulas en Cuba en medio de una crisis educativa marcada por apagones prolongados, déficit de maestros y falta de uniformes escolares.
El inicio del curso 2026-2027 ocurre con más del 25% de las plazas docentes sin cubrir y dificultades que obligaron al Ministerio de Educación a flexibilizar algunas medidas para garantizar la continuidad de las clases.
El nuevo período lectivo comenzó bajo una situación que las propias autoridades cubanas calificaron como un escenario diferente debido a las limitaciones económicas y energéticas que atraviesa el país. Las familias enfrentan gastos adicionales para adquirir prendas escolares, meriendas y otros recursos necesarios para el regreso de sus hijos.
Según datos citados por la ministra de Educación, Naima Trujillo, más de una cuarta parte de las plazas docentes quedaron vacantes para este curso. La situación es especialmente crítica en La Habana, donde se prevé el traslado de unos 300 maestros desde otras provincias para cubrir las necesidades de los centros educativos.
Apagones afectan el inicio de las clases en Cuba
La crisis eléctrica se convirtió en uno de los principales obstáculos durante la apertura del curso escolar. En la escuela primaria María Cabrales, ubicada en el municipio Diez de Octubre, La Habana, las clases comenzaron sin actividades tradicionales de bienvenida debido a que la zona acumulaba más de 28 horas sin electricidad.
La directora del centro, Regla María Perera, explicó que las asignaturas principales serán organizadas según los horarios en que exista suministro eléctrico. La falta de corriente también afecta la conservación de alimentos, la preparación de meriendas y las condiciones para estudiantes y trabajadores.
Los cortes eléctricos han llegado a extenderse hasta 30 horas consecutivas en algunas zonas, una situación que impacta la rutina de miles de familias y complica el funcionamiento normal de las escuelas.
Familias cubren gastos ante falta de uniformes y recursos
Otro de los problemas que marca el inicio del curso es la baja disponibilidad de uniformes escolares. De acuerdo con cifras oficiales, la cobertura apenas alcanza el 12% en la enseñanza primaria y es insuficiente también para otros niveles educativos.
Ante la falta de prendas en la red estatal, numerosas familias recurrieron a talleres privados para confeccionar los uniformes. Los precios oscilan entre 1.500 y 3.500 pesos cubanos por pieza, un gasto elevado en un país donde el salario medio estatal ronda los 10 dólares mensuales al cambio informal.
Madres y padres también han denunciado dificultades para garantizar la alimentación de sus hijos debido a los apagones. La falta de refrigeración provoca pérdidas de alimentos y complica la preparación diaria de meriendas escolares.
Crisis energética y educativa agravan la situación social
El deterioro del sistema educativo ocurre en paralelo a una crisis energética que ha limitado otros servicios esenciales en Cuba. El Gobierno atribuye parte de la situación a restricciones externas y al impacto del bloqueo de combustible, mientras críticos señalan problemas internos de gestión y falta de inversión.
El curso anterior ya estuvo marcado por interrupciones provocadas por apagones y escasez de combustible, que obligaron a adelantar el cierre del calendario académico.
Para muchas familias, el inicio de clases representa un nuevo desafío económico y organizativo. La frase de una madre recogida por la agencia AFP resume la situación de numerosos hogares: “Ahora la escuela descansa sobre la casa, sobre los padres”.