El comercio de equipos solares entre Estados Unidos y Cuba registró un crecimiento de 1.070% durante los primeros siete meses de 2026, en medio de los prolongados apagones que afectan a la Isla.
De acuerdo con una investigación de Bloomberg, publicada el 6 de octubre y basada en estadísticas de la Oficina del Censo estadounidense, entre enero y julio llegaron a Cuba células y módulos fotovoltaicos valorados en 6,3 millones de dólares. Durante todo 2025, esas exportaciones apenas habían alcanzado los 538.000 dólares.
La diferencia refleja el aumento de la demanda de alternativas energéticas en un país donde las interrupciones del servicio eléctrico afectan la conservación de alimentos, el funcionamiento de los negocios y otras actividades cotidianas. Para numerosas familias, disponer de paneles solares y baterías representa una posibilidad de mantener encendidos algunos equipos esenciales.
Estados Unidos aumenta sus exportaciones solares mientras China reduce sus envíos
Aunque China continúa como principal abastecedor de tecnología fotovoltaica para Cuba, sus exportaciones experimentaron una disminución considerable. Hasta julio de 2026, el país asiático había enviado equipos valorados en 19,5 millones de dólares, un 83% menos que el total registrado durante el año anterior, según cifras de BloombergNEF.
En contraste, los puertos estadounidenses están adquiriendo mayor importancia en el suministro de estos dispositivos. Empresas y particulares recurren a las posibilidades comerciales disponibles para trasladar componentes capaces de proporcionar cierta independencia respecto del deteriorado Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
La creciente llegada de estos productos también pone de relieve las diferencias entre el discurso oficial sobre las sanciones estadounidenses y las operaciones comerciales que efectivamente se realizan. Aunque el embargo establece controles, licencias y prohibiciones, no impide de manera absoluta todas las exportaciones hacia Cuba, incluidas determinadas mercancías relacionadas con las energías renovables.
Los paneles solares permiten enfrentar los apagones en Cuba
Uno de los ejemplos documentados por Bloomberg corresponde a La Campana, un establecimiento dedicado a eventos en La Habana. Su propietario instaló un sistema fotovoltaico con baterías que permitió mantener las actividades durante un apagón nacional, sin depender del suministro de la red estatal.
La inversión, cercana a los 10.000 dólares, demuestra las posibilidades de esta tecnología, pero también expone una limitación importante: su elevado precio. La adquisición de instalaciones semejantes queda fuera del alcance de numerosos trabajadores y jubilados cuyos ingresos se reciben en pesos cubanos.
Además, la generación fotovoltaica no resuelve por sí sola todos los problemas del suministro. La producción disminuye cuando desaparece la luz solar, por lo que resulta indispensable contar con baterías de almacenamiento. Cuba todavía enfrenta dificultades para disponer de suficiente capacidad de respaldo durante las noches.
Crisis energética y comercio con EEUU: una contradicción del discurso oficial
El incremento de las compras solares no constituye un caso aislado dentro de las relaciones económicas entre ambos países. Cuba también recibe alimentos, productos agrícolas y otras mercancías estadounidenses mediante operaciones autorizadas bajo las regulaciones de Washington.
Estos intercambios se producen mientras el Gobierno cubano mantiene que el embargo limita sus posibilidades de adquirir recursos esenciales. Las restricciones financieras y comerciales existen, pero el crecimiento de determinadas importaciones confirma que hay mecanismos legales para concretar operaciones cuando se cumplen los requisitos establecidos.
La crisis eléctrica, por otra parte, responde a una combinación de problemas acumulados durante décadas. El envejecimiento de las termoeléctricas, la falta de mantenimiento, las averías y las dificultades para disponer de combustible han reducido la capacidad de generación del país.