Rusia anunció que prepara un cuarto cargamento de diésel para Estados Unidos, cuya salida estaba prevista para este miércoles 28 de octubre de 2026. El viceprimer ministro Alexandr Nóvak confirmó que otros tres petroleros ya habían partido, como parte del acuerdo energético alcanzado entre Vladímir Putin y Donald Trump. Los suministros buscan aliviar los elevados precios del combustible en el mercado estadounidense, mientras Cuba, uno de los principales aliados políticos de Moscú, continúa enfrentando una profunda crisis energética.
Las declaraciones de Nóvak se produjeron el martes durante una reunión del Foro de Países Exportadores de Gas en Moscú. Según la agencia Interfax, el funcionario explicó que las compañías rusas avanzaban en los preparativos de la siguiente operación. Aunque señaló el 28 de octubre como fecha probable, no ofreció detalles sobre el buque ni confirmó su salida efectiva. Tampoco precisó el volumen del nuevo cargamento.
Rusia amplía sus exportaciones de diésel a Estados Unidos
El entendimiento entre Washington y Moscú fue anunciado el 9 de octubre, después de conversaciones entre ambos presidentes. Trump informó entonces que Rusia suministraría inicialmente más de 300.000 toneladas de diésel a los mercados estadounidense e internacional. El programa contempla otras 500.000 toneladas en noviembre y un millón adicional posteriormente, con la posibilidad de ampliar las entregas según la capacidad de las refinerías rusas.
Uno de los primeros movimientos marítimos fue identificado por Reuters mediante información de seguimiento de embarcaciones. El petrolero Agioi Fanendes, con bandera de Malta, cargó 40.000 toneladas en el puerto ruso de Primorsk el 22 de octubre. Su llegada a Nueva York está prevista para el 7 de noviembre. El traslado representa una reanudación de importaciones directas que Washington había prohibido tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Washington permite comprar combustible ruso mediante una autorización especial
Para facilitar las operaciones, el Departamento del Tesoro estadounidense aprobó la Licencia General 135, emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). El documento permite determinadas transacciones relacionadas con la venta, transporte, descarga e importación de diésel de origen ruso hasta el 7 de abril de 2027. La autorización no supone el levantamiento de todas las sanciones económicas contra Moscú.
El acuerdo provocó cuestionamientos de legisladores estadounidenses, preocupados por los ingresos que estas operaciones pueden aportar a Rusia durante la guerra en Ucrania. Nóvak rechazó las críticas y defendió la cooperación energética con Washington. Por su parte, el Gobierno estadounidense considera que aumentar la disponibilidad del combustible podría ayudar a contener los precios antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
Cuba sigue sin resolver su crisis energética pese a sus vínculos con Rusia
El incremento de las exportaciones rusas hacia Estados Unidos contrasta con las dificultades que enfrenta Cuba para adquirir combustible. La Isla mantiene restricciones de suministro que afectan la generación eléctrica, el transporte y los servicios esenciales. Los apagones prolongados forman parte de la vida cotidiana de millones de habitantes, mientras las autoridades cubanas reconocen problemas para asegurar las importaciones necesarias.
Moscú y La Habana sostienen relaciones políticas y económicas de larga data, incluida la cooperación en materia energética. En abril, Rusia prometió continuar enviando petróleo a Cuba, aunque los nuevos cargamentos anunciados ahora tienen como destino Estados Unidos. Tampoco existe evidencia pública suficiente para concluir que Putin haya decidido cancelar toda asistencia petrolera a su aliado caribeño como consecuencia del acuerdo con Trump.
La escasez cubana ocurre en medio de restricciones estadounidenses sobre las operaciones vinculadas al suministro de hidrocarburos. Durante octubre, Washington informó sobre incautaciones de envíos de biodiésel dirigidos a la Isla. El ministro cubano de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, negó que las empresas estatales estuvieran involucradas en determinadas operaciones señaladas por las autoridades norteamericanas.
Por ahora, el cuarto envío anunciado por Nóvak refleja el avance de una relación comercial que parecía improbable después de años de sanciones estadounidenses. Mientras Rusia busca nuevos ingresos y Washington intenta reducir los costos energéticos, Cuba permanece ante dificultades para abastecer sus centrales eléctricas. El contraste plantea interrogantes sobre el alcance práctico de la alianza entre La Habana y Moscú, aunque no demuestra una ruptura entre ambos gobiernos.