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Apagones en Cuba: déficit eléctrico de casi 1.800 MW muestra falta de producción

Las afectaciones no se limitan a iluminación, la falta de luz interrumpe el bombeo de agua potable e impide conservar alimentos

La crisis energética en Cuba se mantiene y se agravó este 17 de febrero, con apagones pronosticados durante las 24 horas del día y una afectación máxima de 1.793 MW en el horario pico de la noche, según datos oficiales de la Unión Eléctrica de Cuba (UNE).

La situación volvió a impactar de forma directa a la población, mientras el Gobierno continuó priorizando el suministro eléctrico a hoteles y polos turísticos.

El parte oficial indicó que el servicio estuvo afectado todo el día anterior por déficit de capacidad de generación y que las interrupciones se extendieron durante la madrugada.

A las 06:00 horas, la disponibilidad real del sistema fue de apenas 1.250 MW frente a una demanda de 2.220 MW, lo que dejó a 968 MW fuera de cobertura. Para el horario del mediodía, las autoridades estimaron una afectación de 850 MW.

En la noche, el escenario será aún más crítico. El pronóstico oficial calculó una demanda máxima de 3.200 MW, con una disponibilidad estimada de solo 1.440 MW, lo que se reflejará en un déficit de 1.760 MW y apagones que alcanzarán los 1.790 MW en el horario pico.

Estas cifras confirman que la electricidad sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades básicas del país.

Entre las principales causas están las averías en varias termoeléctricas, incluidas la Unidad 5 de la CTE Mariel, la Unidad 2 de la CTE Santa Cruz, la Unidad 2 de la CTE Felton y las Unidades 5 y 6 de la CTE Antonio Maceo.

A esto se suman unidades fuera de servicio por mantenimiento en Mariel, Nuevitas y Cienfuegos, además de 414 MW indisponibles por limitaciones en la generación térmica.

Aunque el Gobierno destacó la incorporación de 50 nuevos parques solares fotovoltaicos, cuya producción fue de 3.771 MWh y una potencia máxima de 721 MW, estos aportes no lograron compensar el colapso de la generación tradicional.

La energía solar solo cubrió una fracción del déficit total y no evitó los apagones prolongados en barrios y zonas rurales.

La crisis energética se profundizó tras el deterioro del suministro de combustible procedente de Venezuela, aliado histórico de La Habana. La caída de ese país, presionado por sanciones de Estados Unidos, redujo de forma drástica los envíos de petróleo, dejando a Cuba sin respaldo para sostener su sistema eléctrico.

Aunque el Gobierno negó de forma reiterada la gravedad del problema, los apagones continuos contradijeron ese discurso.

Las afectaciones no se limitan a la electricidad. La falta de energía interrumpe el bombeo de agua potable, obstruye la conservación de alimentos y paraliza servicios básicos.

Hospitales y escuelas funcionaron con restricciones, mientras muchas familias cocinan con leña o carbón por la escasez de gas.

El impacto también alcanzó al turismo. En las últimas semanas, varios países emitieron alertas de viaje recomendando no visitar la isla debido a los apagones, la falta de combustible y el colapso de servicios.

Aun así, el Gobierno mantuvo el suministro eléctrico estable en hoteles y zonas turísticas, reforzando la percepción de que el sector recibe prioridad frente a la población.

Mientras los apagones se extendieron por casi todo el país, el reporte oficial confirmó que el sistema eléctrico siguió operando al límite, sin soluciones estructurales a corto plazo y con una población cada vez más afectada por una crisis que ya se volvió cotidiana.

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