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¿Cómo JLo? Jacqueline Arenal se reencontró con su esposo 25 años después

“La segunda parte fue mejor”, declaró la actriz, quien reside en Colombia y que goza una de las relaciones más sólidas del espectáculo

Las historias de amor que se detienen con el paso del tiempo y reaparecen décadas después suelen parecer propias del cine. Sin embargo, para la actriz cubana Jacqueline Arenal, esa experiencia se volvió real cuando la vida la llevó a reencontrarse con Alfredo, su primer gran amor, tras 25 años sin verse.

A diferencia de otros romances famosos que intentaron una segunda oportunidad, el suyo ha demostrado que no todas las historias tardías terminan en desencanto.

Arenal contó que conoció a Alfredo cuando ambos eran muy jóvenes, en una etapa marcada por sueños y proyectos en construcción. Él cursaba la carrera de Medicina, mientras ella daba sus primeros pasos en la actuación.

Fue un noviazgo breve, pero intenso, que terminó sin conflictos ni reproches, simplemente porque cada uno tomó un rumbo distinto. Con el tiempo, esa relación quedó guardada como un recuerdo limpio, sin heridas abiertas.

Tras la separación, la vida avanzó para ambos. Alfredo se convirtió en cirujano cardiovascular y desarrolló su carrera en el Cardiocentro, mientras Jacqueline consolidó su lugar como una de las actrices más reconocidas de Cuba.

Aunque no perdieron del todo la referencia del otro —él llegó a verla actuar y ella supo que él se había casado y formado una familia—, nunca coincidieron de nuevo. Ni siquiera, como ella misma recuerda con asombro, se cruzaron por casualidad en una ciudad tan pequeña como La Habana.

El reencuentro llegó de forma inesperada, en plena pandemia, justo cuando comenzaban a relajarse las restricciones sanitarias. Arenal asistió a la presentación de un libro del escritor Leonardo Padura en un restaurante habanero.

Al llegar tarde, no encontró lugar en la mesa principal y terminó sentándose con un grupo de médicos. Esa decisión casual fue clave.

Entre los presentes estaba un amigo cercano de Alfredo, conocedor de aquella historia juvenil. El hombre le pidió una foto, supuestamente para enviársela a un amigo.

Jacqueline pensó que se trataba de un gesto típico hacia una figura pública, hasta que vio en el teléfono la imagen de Alfredo. En ese instante, el pasado volvió a presentarse con fuerza.

Poco después supo que él se había divorciado y que incluso había considerado asistir a ese mismo evento. El contacto se retomó, primero con mensajes y luego con encuentros que confirmaron que lo que había quedado inconcluso merecía una segunda oportunidad.

“La segunda parte fue mejor”, concluyó la actriz.

La historia recuerda inevitablemente al mediático reencuentro de Jennifer López y Ben Affleck, quienes retomaron su relación casi 20 años después de haberse separado.

En su caso, el regreso acaparó titulares en todo el mundo y culminó en matrimonio, aunque el final fue distinto: la pareja terminó divorciándose, confirmando que no siempre el pasado garantiza estabilidad.

En contraste, el caso de Jacqueline Arenal parece moverse lejos del ruido mediático y más cerca de la calma. Sin espectáculos ni alfombras rojas, su historia muestra que algunas segundas oportunidades no buscan revivir lo que fue, sino construir algo nuevo con la madurez que da el tiempo. Y, al menos por ahora, esa diferencia ha marcado un final mucho más feliz.

 

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