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Cuba revive el “gas de la calle” y desmonta una de las últimas decisiones de Fidel

La falta de GLP, los cortes eléctricos y la fragilidad de las termoeléctricas han obligado a realizar los cambios

La Habana incorporará 25.000 nuevos clientes al servicio de gas manufacturado, conocido como “gas de la calle”, en una decisión que revierte una de las últimas medidas adoptadas por Fidel Castro durante su etapa al frente de Cuba.

La medida fue anunciada en el diario oficialista Granma, y responde al agravamiento de la crisis energética en la capital. El cambio busca ampliar una opción de cocción doméstica ante la escasez de gas licuado de petróleo, los apagones y el deterioro del sistema electroenergético.

Entre 2007 y 2010, Fidel paralizó las inversiones destinadas a expandir este tipo de servicio. La decisión formó parte de una estrategia para impulsar el uso de gas licuado y electricidad en los hogares cubanos.

Ahora, casi dos décadas después, las autoridades reconocen un cambio de rumbo y justifican la reactivación de la gasificación con el argumento de que la materia prima del gas manufacturado se encuentra disponible en el país.

La Habana retoma el gas manufacturado

Granma presentó la medida como parte de una “política de Estado ante el nuevo escenario”. Ese escenario está marcado por una crisis que ha dejado a miles de familias sin opciones estables para cocinar.

La falta de GLP, los cortes eléctricos prolongados y la fragilidad de las termoeléctricas han obligado al régimen a rescatar una alternativa que había sido relegada durante años.

La directora de la Empresa de Gas Manufacturado de La Habana, Daina Álvarez Álvarez, explicó que la prioridad no será abrir una contratación masiva inmediata.

Según precisó la funcionaria, el plan se concentrará primero en personas con contratos pendientes de etapas anteriores, viviendas que ya cuentan con redes instaladas hasta la puerta y solicitudes acumuladas de la población que no habían recibido respuesta.

Las cifras oficiales indican que 284.551 personas disponen hoy de este servicio en la capital. El sistema opera mediante dos modalidades.

Una de estas modalidades depende de la planta de Melones, ubicada en la bahía habanera, con capacidad de alrededor de 40.000 metros cúbicos por hora. Desde allí se abastece de manera continua a municipios como La Habana Vieja, Centro Habana, Cerro, Plaza de la Revolución y Diez de Octubre.

¿Qué zonas tendrán servicio?

En esos territorios, el gas manufacturado no depende de la disponibilidad eléctrica, lo que le da una ventaja frente a otras variantes de cocción. Sin embargo, la situación cambia en municipios como Playa y Marianao, donde el suministro requiere bombeo eléctrico.

En esos casos, los usuarios continúan expuestos a las interrupciones provocadas por los apagones, lo que limita la estabilidad del servicio.

La expansión del sistema también trasladará costos a las familias beneficiadas. Los nuevos usuarios deberán asumir la instalación interna hasta la cocina y comprar los materiales necesarios.

Pese a ello, para muchos hogares habaneros la conexión representa una salida frente al uso de carbón o leña, dos recursos que se han vuelto frecuentes en medio de la escasez de combustibles y del retroceso de las condiciones de vida en la Isla.

¿Es una solución viable?

Granma sostuvo que la ampliación del gas manufacturado puede aliviar además la presión sobre el sistema energético nacional. La lógica oficial es que, si más familias cocinan con este servicio, disminuirá la demanda eléctrica en horarios pico y se podrá redistribuir el gas licuado de petróleo hacia otras provincias, donde la crisis del combustible también golpea con fuerza.

Aun así, la medida enfrenta obstáculos. Lázaro Rafael Campos Recio, jefe de turno de la planta de Melones, explicó que la sustancia odorífera que se añade al gas para detectar fugas tuvo que ser reemplazada por un olorizante europeo.

El producto que se adquiría antes en un país cercano, no identificado oficialmente, dejó de estar disponible, lo que obligó a modificar parte del esquema de operación.

A esa dificultad se suma la dependencia de tecnología importada. Aunque las autoridades la describen como económica y confiable, su funcionamiento sigue condicionado por la llegada de piezas de repuesto que no siempre están disponibles. Estos factores plantean dudas sobre la sostenibilidad real de la expansión anunciada.

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