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Cuba sigue a oscuras y el ministro presume de “soberanía” energética: ¿a qué costo?

El problema se arrastra desde hace años y el propio ministro ya había reconocido cortes de hasta 20 y 22 horas diarias en La Habana

El ministro de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O Levy, reconoció que la población continúa soportando “largas horas de apagón” debido al déficit de generación eléctrica, pero al mismo tiempo defendió como un logro que los megavatios disponibles sean “soberanos”.

La declaración ocurre mientras el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) sigue sin capacidad suficiente para cubrir la demanda y los cortes continúan afectando a los hogares de distintas provincias.

De la O Levy admitió que el déficit de generación continúa siendo elevado. Sin embargo, aseguró que el país “no está detenido” y presentó como parte de la respuesta oficial el hecho de contar con generación propia y avanzar en la transición energética.

La contradicción entre ambos elementos marca el discurso oficial: mientras el Gobierno reivindica la autonomía energética, millones de cubanos continúan enfrentando interrupciones prolongadas del servicio eléctrico.

El ministro reconoce que los apagones siguen siendo prolongados

Las declaraciones del funcionario no describen una situación nueva. En mayo de 2026, el propio De la O Levy reconoció que en La Habana los cortes podían superar las 20 o 22 horas diarias, con periodos de servicio de apenas unas horas.

A finales de 2025, además, el ministro había admitido que ese año estuvo marcado por largas horas de apagones y momentos de hasta 24 horas sin electricidad en algunas regiones. Para 2026 había anticipado que la situación seguiría siendo difícil.

La crisis, por tanto, no comenzó con los actuales reportes de déficit. Las averías, la falta de combustible y la limitada capacidad de generación han mantenido bajo presión al SEN durante años.

En ese escenario, la expresión “nuestros MW son soberanos” adquiere un significado particular. El Gobierno reivindica la generación disponible como una muestra de autonomía, pero esa capacidad continúa siendo insuficiente para garantizar un suministro estable.

¿Qué significa la “soberanía” cuando no alcanza la electricidad?

De la O Levy también volvió a responsabilizar a las sanciones estadounidenses por las dificultades del sector energético. El ministro ha sostenido anteriormente que las restricciones sobre el acceso al combustible han agravado una crisis que ya venía afectando al sistema.

Sin embargo, el problema energético cubano también arrastra deficiencias internas acumuladas. El propio ministro ha reconocido problemas en termoeléctricas, falta de reservas y la ausencia de capacidad suficiente para respaldar las unidades que salen de servicio.

El resultado es que la discusión sobre la procedencia de los megavatios no cambia una realidad básica para los consumidores: la generación disponible no alcanza para cubrir la demanda y esa diferencia termina convirtiéndose en horas sin electricidad.

El costo de una crisis que recae sobre las familias

Detrás de cada cifra del déficit hay hogares que deben reorganizar sus actividades alrededor de los apagones. La falta de electricidad afecta la conservación de alimentos, la preparación de comidas, el descanso, el trabajo y el estudio.

También supone una carga adicional en medio de otras carencias que enfrenta la población. Los periodos prolongados sin servicio eléctrico se acumulan sobre una crisis económica que ha reducido la capacidad de muchas familias para encontrar alternativas cuando falta la electricidad.

El propio Gobierno ha reconocido que las largas horas de apagón generan malestar entre los ciudadanos. En mayo, De la O Levy afirmó que el sistema eléctrico “no está diseñado para apagón”, aunque admitió que la situación ya se había convertido en una realidad sostenida.

Por eso, el debate no se limita a cuántos megavatios consigue generar Cuba por sus propios medios. La pregunta para los hogares es cuánto tiempo pueden seguir funcionando con una generación que no garantiza el servicio.

Mientras el ministro reivindica la “soberanía” de los MW y asegura que la transición energética avanza, los apagones continúan. El costo de esa brecha entre la capacidad disponible y las necesidades de la población termina trasladándose a las familias, que siguen soportando una crisis energética que lleva años sin una solución definitiva.

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