Familia de antiguo represor castrista vive entre viajes y lujos en Miami
Mientras al pueblo de a pie se le pide aguantar, los hijos y nietos de sus represores pasean por Europa y comen en lugares de primera
Los descendientes del general retirado Ulises Rosales del Toro, una de las figuras históricas de mayor peso dentro del aparato militar y político cubano, mantienen estilos de vida marcados por el acceso a bienes, viajes y residencias exclusivas, en un contexto que contrasta con la crisis económica y social que enfrenta la mayoría de la población en la Isla.
Rosales del Toro, general de división de la reserva, ocupó durante décadas cargos clave dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Consejo de Ministros.
Fue jefe del Estado Mayor General de las FAR, ministro del Azúcar, ministro de la Agricultura y vicepresidente del Consejo de Ministros, posiciones que lo ubicaron entre los dirigentes de mayor confianza del poder político cubano.
Una de sus hijas, Alina Rosales Aguirreurreta, ingresó a Estados Unidos en 2023 con una visa de turismo B1/B2 otorgada en La Habana y actualmente reside en Miami, según fuentes cercanas a la familia.
De acuerdo con esas versiones, es médico de profesión y se encuentra en proceso de regularización migratoria.
Otra hija del general, Zulema Rosales Aguirreurreta, vive en Cancún y realiza viajes frecuentes a Cuba. Fuentes consultadas señalan que mantiene actividades económicas en La Habana, entre ellas una guardería privada conocida como “Dulces sueños”, ubicada en el barrio de Kholy y catalogada como una de las más costosas de la zona, además de otros emprendimientos.
Uno de los hijos de Zulema, Raúl Ulises Castro Rosales, de 34 años y con ciudadanía española, reside en Italia, donde contrajo matrimonio en una boda de alto nivel económico que dejó registros públicos.
La tercera hija, Perla Rosa Rosales Aguirreurreta, arquitecta, fue identificada en reportes de 2017 como parte de la estructura de gestión patrimonial vinculada a La Habana Vieja y a la empresa Habaguanex S.A., durante la etapa de influencia de Eusebio Leal.
Su perfil público combina un discurso de respaldo al sistema político con acceso a la economía en divisas asociada al turismo y al patrimonio histórico.
El único hijo varón, Carlos Ulises Rosales Aguirreurreta, mantiene una presencia pública discreta y una trayectoria ligada al ámbito militar. Sin embargo, el foco se extiende a su núcleo familiar.
Su esposa, Marilyn Pérez Medina, está relacionada con la administración de inmuebles residenciales del sistema estatal de alojamiento corporativo. En redes sociales circula al menos un video en el que aparece identificada como administradora de un complejo residencial.
Testimonios en el citado medio indican que esta posición permite el uso periódico de penthouses y viviendas de alto estándar destinadas al arrendamiento en divisas, bajo un esquema de rotación residencial cada dos años.
Este sistema opera dentro de un entramado inmobiliario asociado a empresas del grupo Palco, señalado por medios independientes por priorizar servicios en dólares.
La hija de este matrimonio, Daniela Rosales Pérez, mostró durante años en redes sociales un patrón de viajes internacionales y consumo elevado. Fuentes cercanas afirman que ella y un hermano poseen ciudadanía europea, lo que facilitó su movilidad.
Parte de ese contenido fue eliminado posteriormente, aunque aún existen registros digitales. Durante el verano de 2021, en medio de una etapa de tensión social en Cuba, la joven habría recorrido varios países europeos.
“Mientras al ciudadano común se le exige sacrificio permanente, la élite vinculada al poder mantiene un acceso sostenido a privilegios”, afirmó el investigador Luis Domínguez, de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba. “Incluso encuentran refugio y oportunidades en países que el discurso oficial señala como adversarios”, añadió.


