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Filtran fotos de almacén con colchones mientras miles de familias siguen sin uno en Cuba

Durante meses, familias cubanas han denunciado la falta de colchones en tiendas estatales y privadas

La difusión de varias imágenes de un almacén atribuido en redes sociales a estructuras del Estado cubano reavivó las denuncias sobre el manejo de bienes básicos en la Isla, los cuales parecen estar siendo reservados para su futura venta en lugar de ser entregados al pueblo que los necesita.

Las fotos, publicadas por el periodista Mario J. Pentón bajo la etiqueta de denuncia ciudadana, muestran decenas de colchones y cajas de productos de higiene en una bodega industrial, en medio de una escasez prolongada que golpea a miles de familias dentro de Cuba.

La referencia a GAESA no proviene de una confirmación oficial, sino de comentarios recogidos en la publicación original.

¿Qué muestran las imágenes?

Las cinco fotografías dejan ver una nave de grandes dimensiones, con vigas metálicas, luz fluorescente y piso de concreto. En varios pasillos aparecen pallets con colchones envueltos en plástico transparente y sujetos con flejes, mientras al fondo y en los laterales se observan estanterías repletas de cajas uniformes.

Algunas zonas fueron pixeladas antes de circular en redes, lo que impide identificar con claridad a personas u otros elementos del lugar, esto para evitar posibles represalias por parte del régimen.

El valor político de la filtración no está solo en lo que enseñan las fotos, sino en el contraste con la vida diaria de la población. Durante meses, familias cubanas han denunciado la falta de colchones en tiendas estatales y privadas, así como la dificultad para conseguir artículos elementales de aseo como jabón, detergente, pasta dental y toallas sanitarias, o su venta a precios imposibles para la mayoría.

Antecedentes tras los huracanes

Ese malestar se agudizó después de los huracanes Oscar, en octubre de 2024, y Melissa, en noviembre de 2025. Según reportes revisados, miles de damnificados tuvieron que esperar semanas por la entrega de colchones prometidos por el Estado, en un país donde la respuesta oficial ha estado marcada por demoras, desigualdades y escasa transparencia.

Uno de los casos que más inconformidad provocó fue el de Guantánamo. Allí, las autoridades informaron que 1.580 colchones procedentes de la reserva estatal serían comercializados a 3.730 pesos para personas damnificadas, mientras los que provenían de donaciones sí se entregaban gratis.

La medida dejó al descubierto una diferencia difícil de justificar para familias que habían perdido casi todo tras el paso del ciclón.

La crisis también quedó expuesta durante la visita de Miguel Díaz-Canel a zonas afectadas del oriente cubano en noviembre de 2025. En El Cobre, Santiago de Cuba, una mujer le reclamó que no tenía cama, y el gobernante respondió: “¡Y yo tampoco tengo pa’ dártela ahora!”. La frase se convirtió entonces en símbolo del divorcio entre el discurso oficial y la realidad de quienes seguían durmiendo en el suelo mientras el poder pedía paciencia.

A ese episodio se sumaron denuncias sobre colchones almacenados en viviendas particulares para reventa ilegal en Santiago de Cuba, supuestamente desviados de distribuciones destinadas a damnificados.

Ese antecedente hace que las nuevas imágenes pesen más en la opinión pública: no se trata solo de mercancía retenida en un almacén, sino de un país donde la población ha visto repetirse las promesas, los desvíos y la escasez bajo control estatal.

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