Hijas de uno de los coroneles cubanos abatidos en Venezuela viven en EEUU
El hombre llegó a desempeñarse como jefe de seguridad en Punto Cero, la residencia de Fidel
Las hijas de Humberto Alfonso Roca Sánchez, un coronel cubano abatido durante la captura de Nicolás Maduro en Caracas, residen en Estados Unidos mientras su padre integraba el anillo más cercano de seguridad del régimen chavista, según una investigación del periodista Mario J. Pentón.
El caso expone nuevas contradicciones en torno a la élite militar cubana, cuyos familiares han logrado establecerse legalmente en territorio estadounidense pese a sus vínculos directos con el aparato represivo de La Habana.
Roca Sánchez figura entre los 32 ciudadanos cubanos que murieron durante la operación “Resolución Absoluta”, una incursión de fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos destinada a capturar al exmandatario venezolano y trasladarlo a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.
La operación dejó al descubierto la profunda implicación del régimen cubano en la estructura de seguridad de Maduro.
Un coronel del Minint en el núcleo del poder
La investigación publicada por Martí Noticias detalla que Roca Sánchez fue un alto oficial del Ministerio del Interior (Minint), con funciones vinculadas a inteligencia y seguridad del Estado.
De acuerdo con el investigador Luis Domínguez, de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, el militar era un hombre de absoluta confianza de Raúl y Fidel Castro y llegó a desempeñarse como jefe de seguridad en Punto Cero, la residencia del fallecido dictador cubano.
Además de su papel dentro del aparato interno de seguridad, Roca Sánchez fue responsable de proteger a figuras internacionales durante visitas oficiales a la Isla, entre ellas el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, durante el segundo mandato de Barack Obama, y el papa Francisco.
Su trayectoria lo sitúa en la cúspide del sistema represivo que sostiene al régimen comunista cubano.
Hijas en Estados Unidos y silencios incómodos
Pese a ese historial, las hijas del coronel lograron establecerse en Estados Unidos. Según Domínguez, forman parte del grupo de familiares de la cúpula comunista que ocultan deliberadamente estos vínculos ante las autoridades migratorias estadounidenses para facilitar su entrada y permanencia en el país.
Mayelin Roca Enríquez ingresó en diciembre de 2022 por la frontera sur, donde solicitó asilo político. Actualmente, reside legalmente en el estado de Nueva Jersey, aunque aún no ha obtenido la ciudadanía estadounidense.
Fuentes cercanas a la familia indicaron que cruzó la frontera por Eagle Pass, Texas, el 18 de diciembre de 2022, acompañada de su esposo, Fidel Guzmán Guerra, y de su hija menor.
El caso ha generado especial controversia debido a que, tras obtener la residencia permanente, Mayelin viajó nuevamente a Cuba. El desplazamiento ha levantado cuestionamientos sobre la veracidad de su alegado temor al régimen del que su padre fue un alto funcionario.
Cuestionamientos legales y políticos
Luis Domínguez, quien ha seguido de cerca los movimientos de la familia Roca, puso en duda la coherencia del relato migratorio.
“¿Cómo es posible que le tengas miedo al comunismo cuando tu papá es un coronel del Ministerio del Interior y tú misma regresaste a Cuba en cuanto tuviste la green card?”, cuestionó el investigador.
En contraste, la hermana mayor, Marylin Roca Enríquez, llegó a Estados Unidos en 2014 tras casarse con un ciudadano estadounidense. Posteriormente, obtuvo la residencia permanente y la ciudadanía. Según Domínguez, se ha integrado plenamente a la vida política y social del país y ha mostrado afinidad con el Partido Demócrata.
Especialistas en inmigración advierten que patrones como el de Mayelin Roca Enríquez, que combinan solicitudes de asilo político, viajes posteriores al país de origen y lazos familiares con altos cargos del régimen cubano, suelen activar un escrutinio más severo por parte del Departamento de Seguridad Nacional.
El abogado de inmigración Ismael Labrador explicó que el sistema migratorio estadounidense no evalúa únicamente el temor alegado al momento de pedir asilo, sino también la conducta posterior del solicitante, incluidos los viajes a Cuba y las conexiones con la estructura de poder en la Isla.
La operación “Resolución Absoluta”, que culminó con la captura de Maduro y la muerte de 32 cubanos, evidenció una vez más la estrecha relación entre los regímenes de Cuba y Venezuela, especialmente en materia de seguridad e inteligencia. Los fallecidos, que actuaban como escoltas del líder chavista o estaban vinculados a operaciones encubiertas, fueron exaltados por la propaganda oficial como héroes que “cumplieron con su deber”.
Según el listado divulgado por Cubadebate, los cubanos abatidos tenían entre 26 y 67 años, una muestra de la amplitud generacional del aparato de seguridad que La Habana exportó para sostener al régimen venezolano, mientras sus familias encontraban refugio y oportunidades en el mismo país que el castrismo señala como enemigo.
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