Lo que no te dicen: combustible para Mipymes se vende a precios imposibles
La medida busca flexibilizar el acceso de las empresas a diésel, pero expertos advierten que el volumen es reducido
La reciente autorización de Estados Unidos para que sus petroleras vendan combustible a Micro, Pequeñas y Medianas Empresas privadas en Cuba (Mipymes) ha desatado polémica por su posible impacto real en medio de la crisis energética de la Isla.
Aunque la medida busca flexibilizar el acceso de las Mipymes a diésel y otros derivados, economistas advierten que el volumen es reducido y que el combustible importado en ISO tanques llegará con precios mucho más altos, lo que limitaría su efecto sobre la escasez y podría presionar aún más el costo de vida.
La discusión no gira solo en torno a la entrada de combustible, sino a cuánto costará ponerlo en manos del consumidor final.
En lo que va de 2026, Estados Unidos ha exportado unos 30.000 barriles, equivalentes a cerca de 4,8 millones de litros, destinados al sector privado cubano, una cantidad mínima frente a las necesidades energéticas de un país que consume volúmenes muy superiores cada día.
Por qué el combustible en ISO tanques sale más caro
Uno de los elementos clave es el método de transporte. El economista cubano Pedro Monreal ha explicado que el suministro marítimo en ISO tanques es una práctica usada en el Caribe para entregas rápidas o para atender interrupciones en las cadenas tradicionales, pero resulta mucho más costosa que el traslado en buques tanque de gran capacidad.
Según Monreal, mover un litro de combustible en ISO tanques en la región puede costar entre 0,09 y 0,19 dólares por litro. En cambio, el transporte en buques tanque convencionales oscila entre 0,018 y 0,037 dólares por litro.
La diferencia puede multiplicar hasta por cinco el costo logístico, antes incluso de sumar el precio base del combustible, la documentación, las tasas portuarias, los márgenes comerciales y otros gastos de exportación.
Ese sobrecosto alimenta la previsión de que el combustible que llegue a Cuba por esta vía no será una opción accesible para la mayoría. Informaciones que han circulado en redes sociales sitúan precios de entre 2,50 y 3,50 dólares por litro en la zona del Mariel.
Llevado a moneda nacional, el importe rondaría entre 1.500 y 1.750 pesos cubanos por litro, una cifra fuera del alcance de buena parte de los hogares cubanos. Sobre ese punto concreto de precios en redes no hay confirmación oficial independiente.
Alivio limitado para la crisis
Monreal considera que la medida podría aportar un alivio muy moderado a la falta de combustibles que golpea a sectores productivos y de servicios. Sin embargo, ese alivio sería parcial y no resolvería la crisis estructural de abastecimiento que arrastra la Isla desde hace meses, agravada por la caída de suministros estatales y el encarecimiento de las importaciones.
Reuters también reportó que estos envíos han permitido a algunos negocios privados reanudar operaciones, pero subrayó que su escala sigue siendo reducida frente a las necesidades nacionales.
La controversia también se ha extendido al terreno político. Parte del exilio y de los propios cubanos dentro de la Isla teme que esta apertura sirva más para dar oxígeno al sistema económico controlado por el régimen que para aliviar las carencias de la población.
El debate se ha intensificado porque, aun cuando la autorización estadounidense excluye formalmente a entidades estatales y militares, persisten dudas sobre la capacidad real de supervisar el destino final del combustible dentro de Cuba.
La duda sobre el destino final del combustible
Entre las principales preocupaciones está la posibilidad de que el combustible no termine en actividades esenciales o productivas, sino que acabe beneficiando de forma indirecta a la estructura de control del Estado.
En mensajes compartidos en redes sociales, algunos cubanos han advertido que una parte de esos recursos podría terminar vinculada a patrullas, aparatos represivos o reservas estatales, mientras la población seguiría enfrentando apagones, inflación y escasez.
Esas opiniones reflejan un clima de desconfianza, aunque no constituyen prueba documental sobre el uso final del producto. La medida, por tanto, abre una vía inédita para el abastecimiento del sector privado cubano, pero no cambia el fondo del problema.



