Patanas turcas vuelven a funcionar en Cuba ante profunda crisis energética
La ausencia de nuevas termoeléctricas en más de 40 años ha dejado al sistema sin capacidad de respuesta ante fallas o picos de demanda
La central flotante turca Belgin Sultan volvió a generar electricidad en el puerto de La Habana en medio de la aguda crisis energética que atraviesa Cuba, marcada por apagones prolongados, fallas constantes y un sistema eléctrico incapaz de cubrir la demanda nacional.
El retorno fue reportado el 5 de abril de 2026 por el medio turco NTV y ocurre tras meses de colapso energético en la isla, donde las termoeléctricas, muchas con más de cuatro décadas de explotación, sufren averías recurrentes y limitaciones técnicas.
La embarcación opera bajo arrendamiento de Karpowership, filial de Karadeniz Holding, especializada en generación eléctrica mediante plantas flotantes.
El Ministerio de Energía y Minas de Cuba confirmó que actualmente hay dos patanas en el país: Belgin Sultan y Erol Bay. Ambas suman una capacidad de 124 megavatios y funcionarán con petróleo ruso recientemente enviado a la isla.
La medida busca aliviar la presión sobre el sistema, especialmente en La Habana, donde los cortes eléctricos tienen mayor impacto por su densidad poblacional y relevancia política.
La crisis energética cubana se ha profundizado en los últimos años. Apagones de más de 10 horas diarias se han vuelto frecuentes en varias provincias, afectando servicios básicos, hospitales, producción de alimentos y la vida cotidiana.
La falta de mantenimiento, la escasez de combustible y la ausencia de inversiones sostenidas han deteriorado la infraestructura eléctrica, empujando al país a depender de soluciones de emergencia como las patanas.
No es la primera vez que Cuba recurre a este tipo de generación. En mayo de 2025, la última central flotante abandonó el país luego de que el gobierno no pudiera cumplir con los pagos.
En ese momento, la patana Suheyla Sultan, que aportaba 400 megavatios, exigía además combustible de alta calidad para operar, lo que elevaba aún más los costos.
Ese antecedente evidenció la dependencia de un recurso concebido como temporal, pero que se ha convertido en habitual ante la incapacidad estructural del sistema eléctrico.
A pesar de que en años anteriores llegaron a operar hasta ocho patanas en la isla, el alto costo de estos servicios limita su sostenibilidad.
Datos oficiales sitúan el costo diario de operación de una de estas plantas en alrededor de 172.800 dólares, con un precio de 0.09 dólares por kilovatio-hora generado.
A esto se suma la obligación del gobierno cubano de garantizar combustible y lubricantes con especificaciones técnicas exigidas por la empresa, en un contexto donde el país enfrenta dificultades para asegurar suministros básicos de crudo.
El regreso del Belgin Sultan también se inserta en una estrategia de apoyo energético externo. Recientemente arribó a Matanzas el petrolero ruso Anatoly Kolodkin con unos 700.000 barriles de crudo, mientras se preparan nuevos envíos desde Moscú para sostener la generación.
La crisis eléctrica en Cuba es resultado de décadas de falta de inversión, mala gestión y dependencia de combustibles importados.
La ausencia de nuevas termoeléctricas en más de 40 años ha dejado al sistema sin capacidad de respuesta ante fallas o picos de demanda.
El uso de patanas, aunque permite aliviar temporalmente los apagones, representa una de las soluciones más costosas y menos transparentes dentro de la estrategia energética del gobierno.
La falta de liquidez complica aún más el panorama, ya que el país necesita mantener estos contratos para evitar un colapso mayor, pero carece de recursos para sostenerlos a largo plazo.
Mientras tanto, la población continúa enfrentando las consecuencias directas de la crisis: interrupciones constantes del servicio eléctrico, paralización de actividades económicas y un deterioro general en la calidad de vida.



