Régimen de Cuba celebra producción de arroz de 2025 en plena crisis alimentaria
El gobierno ha acaparado la producción de alimentos en la Isla, pero es incapaz de proveer a los productores y garantizar la distribución
El gobierno cubano celebró como un logro la producción de arroz de 2025, destacando cifras oficiales y planes para ampliar la siembra, en medio de una profunda escasez de alimentos en la Isla.
El anuncio, difundido por el diario oficial Granma, fue recibido con críticas por parte de sectores de la población que ven incoherente celebrar cifras productivas mientras los cubanos enfrentan desequilibrios graves en el acceso a alimentos básicos.
Según el reporte del medio oficialista, el plan arrocero de 2025 había cumplido metas de siembra y producción en varias provincias, y se proyecta incrementar la superficie en 2026 con la meta de sembrar 200.000 hectáreas para avanzar hacia el autoabastecimiento.
El texto oficial dice que estas metas son cruciales para reducir las importaciones de arroz, en especial en zonas clave como Pinar del Río y Camagüey.
La respuesta crítica de analistas y ciudadanos independientes se centra en el contraste entre ese discurso oficial y la realidad cotidiana del país.
En el mercado interno, el arroz —uno de los productos alimentarios más consumidos por las familias cubanas— ha alcanzado precios que superan los 300 pesos por libra en varias provincias, una cifra que muchos consideran inalcanzable para la mayoría de la población con ingresos bajos.
La crisis del arroz es parte de una crisis alimentaria más amplia que afecta a Cuba en 2025. El país enfrenta escasez de productos básicos como café, aceite y azúcar, y el gobierno ha tenido dificultades reiteradas para garantizar la distribución prevista en la canasta básica a través de la libreta de racionamiento.
La celebración de la producción agrícola llega en un momento de alta tensión regional, tras la intervención militar de Estados Unidos en Caracas el 3 de enero de 2026 y la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro.
Esa operación, que Washington explicó como una acción contra redes de narcotráfico, ha cambiado el panorama político en América Latina y generado reacciones diplomáticas.
En ese operativo murieron decenas de personas, incluidos agentes cubanos que acompañaban a Maduro, un hecho que ha tensado aún más las relaciones entre La Habana y Washington.
Mientras el gobierno celebra cifras agrícolas, las misiones médicas cubanas han sido motivo de debate en años recientes.
Estos programas estatales han enviado a miles de profesionales de la salud a países aliados a cambio de divisas o acuerdos políticos, pero también han enfrentado críticas por condiciones laborales estrictas y por los términos en que se aprovecha la mano de obra, según reportes de medios independientes.
Muchos señalan que los ingresos generados no se traducen en mejoras efectivas para los propios trabajadores ni para la seguridad alimentaria en Cuba.
La relación entre ambos países ha sido estrecha durante más de dos décadas, con intercambios petroleros por servicios médicos y técnicos.
Venezuela fue durante mucho tiempo el principal proveedor de petróleo a Cuba, apoyo que ahora está en duda tras la captura de Maduro.
La participación de cubanos en la seguridad del exmandatario que murió durante la intervención estadounidense ha sido confirmada por fuentes oficiales de La Habana, lo que destaca hasta qué punto los vínculos entre gobiernos han involucrado personal cubano en funciones más allá del ámbito puramente cooperativo.
En este contexto, la celebración de cifras productivas en la agricultura alimentaria oficial contrasta con una realidad caracterizada por mercados donde los precios se disparan, suministros insuficientes y amplios sectores de la población que viven con escasez de alimentos básicos.
Para muchos cubanos, el discurso estatal sobre “logros” en producción alimentaria resulta desconectado de su experiencia cotidiana de crisis y incertidumbre sobre su acceso a la comida.



