Trump cambia estrategia tras meses de presión petrolera ¿Qué sigue para Cuba?
El propio mandatario justificó esa flexibilidad al señalar que los cubanos necesitaban ese combustible
La política de presión de Estados Unidos contra Cuba entró en una etapa de reajuste después de que la administración de Donald J. Trump, tras endurecer su discurso energético en enero, permitiera en marzo la llegada de petróleo ruso a la Isla.
El giro ha abierto interrogantes sobre el siguiente paso de Washington, sobre todo porque la escasez de combustible no provocó una fractura visible en el poder del régimen ni un estallido social capaz de alterar el control político interno.
En enero, Trump había amenazado con imponer aranceles a los países que suministraran crudo a Cuba como mecanismo de presión contra el Estado comunista.
Sin embargo, dos meses después, esa línea perdió fuerza cuando se autorizó en la práctica la entrada de un buque ruso con 730.000 barriles de petróleo, una decisión que contrastó con la dureza inicial de la Casa Blanca.
El propio mandatario estadounidense justificó esa flexibilidad al señalar que los cubanos necesitaban combustible para sus actividades cotidianas y que no veía problema en que Rusia u otros países enviaran petróleo a la nación caribeña.
La señal fue interpretada como un cambio táctico, no como una renuncia al objetivo político de presionar al poder en La Habana.
La presión energética
Según el youtuber y analista Ernesto Morales, mantener un cerco petrolero sin una acción directa contra la estructura del poder termina golpeando más a la población que al aparato gobernante.
“La quimioterapia que destruye el páncreas pero apenas toca el cáncer”, comentó Morales, al sostener que el régimen aprovecha el discurso de la victimización mientras la crisis empeora para los ciudadanos.
Desde esa lectura, el castigo energético no habría conseguido el propósito de debilitar el núcleo del sistema.
La Isla siguió sometida a apagones de más de 20 horas en varias zonas del país, pero sin que eso derivara en un levantamiento capaz de alterar el control político. Para algunos observadores, esa falta de resultados obliga a Washington a revisar su enfoque.
El cambio de marzo, al permitir el flujo de crudo ruso, alimentó la hipótesis de que la Casa Blanca estudia otras fórmulas para acelerar una caída del castrismo.
En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha insistido en que Cuba necesita un relevo político y no apenas ajustes económicos, una posición que sugiere que la presión estadounidense podría concentrarse más en los dirigentes que en las restricciones generales.



