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Trump desprecia a líderes latinos: “No aprenderé su maldito idioma”

Si bien con casi 80 años nadie espera que Trump sea capaz de aprender un nuevo idioma, el comentario fue calificado como innecesario y racista

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a generar controversia durante una reunión con líderes latinoamericanos afines a su agenda política al declarar públicamente que no tiene intención de aprender español.

“Los quiero mucho, pero no voy a aprender su maldito idioma”, dijo el mandatario entre risas durante la cumbre “Shield of the Americas” (Escudo de las Américas), celebrada en un club de golf de Miami.

El comentario fue calificado como completamente innecesario, pues dejó e evidencia una vez más el desdén del republicano hacia la cultura latina, y su poco respeto a sus homólogos, todos hispanohablantes.

Y es que si bien con casi 80 años nadie espera que Trump sea capaz de aprender un nuevo idioma, ni siquiera cuando él era el único no bilingüe entre los asistentes, tampoco hacía falta la mención de no querer hablar español, insinuando que es innecesario porque él tiene traductores, e insultando la lengua, especialmente siendo un jefe de Estado, que debiera ser más diplomático.

El encuentro reunió principalmente a gobiernos de extrema derecha. Entre los asistentes estuvieron el presidente de Argentina, Javier Milei; el mandatario de El Salvador, Nayib Bukele; el presidente de Ecuador, Daniel Noboa; y el jefe de Estado de Paraguay, Santiago Peña, entre otros líderes de la región.

También participaron mandatarios o representantes de Costa Rica, República Dominicana, Panamá, Guyana y Trinidad y Tobago, así como el político chileno José Antonio Kast, quien asumirá próximamente la presidencia de Chile.

Durante su intervención, Trump afirmó que no considera necesario aprender español pese a sus frecuentes contactos con líderes del continente americano, donde solo EEUU, Canadá y Brasil no hablan español.

“No tengo tiempo. No tengo problema con los idiomas, pero no voy a dedicar tanto tiempo a aprender el suyo”, insistió.

El presidente añadió que su secretario de Estado, Marco Rubio, tiene una ventaja en ese sentido por su dominio del idioma, ya que es hijo de inmigrantes cubanos.

Trump aseguró que prefiere confiar en traductores profesionales y relató una anécdota sobre una reunión con un mandatario extranjero —cuya identidad no reveló— en la que una intérprete, según él, no transmitió correctamente sus palabras.

“Es muy importante tener un buen intérprete”, comentó el mandatario, señalando que incluso negociaciones con líderes como Xi Jinping o Vladimir Putin podrían verse afectadas por una mala traducción.

Sin embargo, la reunión también ha sido objeto de críticas por la selección de invitados. No fueron convocados los presidentes de México, Brasil ni Colombia, tres de las naciones más influyentes de América Latina.

En conjunto, estos países representan una parte significativa de la población y del producto interno bruto regional, con prácticamente el 60% entre los tres, por lo que suelen considerarse actores centrales en la política y la economía del continente.

Brasil y México son las dos economías más grandes de América Latina, mientras que Colombia figura entre los principales mercados emergentes del hemisferio.

Esto sin mencionar que el narcotráfico fue el tema principal de la reunión, y los tres países son los principales con este problema, pero estuvieron ausentes.

Su ausencia en la cumbre reduce el peso representativo del encuentro y refuerza la idea de que la reunión estuvo orientada a gobiernos alineados ideológicamente con la Casa Blanca.

El evento se produjo además pocos días después de que Trump advirtiera públicamente que EEUU podría intervenir militarmente en América Latina si los gobiernos de la región no logran frenar el poder de los carteles del narcotráfico.

Esa declaración, realizada en el contexto de una estrategia de seguridad hemisférica impulsada por Washington, generó preocupación entre diplomáticos latinoamericanos y expertos en relaciones internacionales.

La política exterior del actual gobierno estadounidense ha adoptado un tono cada vez más expansionista desde el inicio del segundo mandato de Trump, con amenazas directas  varios países, e invasiones iniciadas ya en dos de ellos, Venezuela e Irán.

A lo largo de los últimos meses, el mandatario ha recurrido a amenazas económicas, presiones diplomáticas e incluso advertencias militares contra distintos países, lo que ha provocado tensiones crecientes con varios gobiernos del continente, además de Europa y Asia.

Las declaraciones de Trump, en este contexto, remarcan su racismo, enmarcado en la idea de que solo lo estadounidense es necesario y tiene validez, desdeñando a quienes incluso se supone son sus pares políticos.

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