Veterinario cubano libera tortugas en un lago ¿por qué no debes hacer lo mismo?
En este caso se trata de una especie nativa de Cuba, pero liberar animales en la naturaleza, puede ser una práctica irresponsable
El veterinario cubano José Ibrain Venereo compartió con sus seguidores el momento en que liberó un grupo de jicoteas cubanas en un lago protegido, incluida su mascota Shimo, con la que convivió durante varios años.
A través de su perfil de Intagram, el joven explica que gastó más de 14.000 pesos cubanos para rescatar a las tortugas, comprándolas a personas que las comercializaban o que planeaban usarlas en rituales religiosos.
Tras someterlas a un proceso de recuperación y cuidados veterinarios, decidió liberarlas en lo que describió como un entorno seguro.
Según afirmó, el lago seleccionado es un área donde está prohibida la pesca y cuenta con vegetación, troncos, zonas de descanso y exposición solar suficientes para favorecer la supervivencia de la especie.
El veterinario señaló además que se trata de un ecosistema cerrado, sin conexiones con otros cuerpos de agua, lo que reduciría riesgos para los animales liberados.
En las imágenes se observa cómo varias jicoteas se internan en el lago, mientras el momento más seguido por los usuarios se centra en Shimo, que permanece cerca del joven durante gran parte del video.
El desenlace queda abierto, ya que no se confirma si la tortuga decidió quedarse en libertad o regresar con él, aunque muchos cuestionaron si podría siquiera sobrevivir en libertad considerando que está acostumbrada a cuidados humanos.
¿Por qué no se debe liberar mascotas en la naturaleza?
Aunque en este caso se trata de una especie nativa de Cuba, especialistas en biología y conservación advierten que liberar animales en la naturaleza, incluso con buena intención, puede ser una práctica irresponsable si no se realiza bajo supervisión técnica.
En Cuba existen pocas leyes específicas y mecanismos de control efectivos para la protección de la fauna silvestre, lo que deja muchos vacíos en la gestión de rescates, rehabilitación y reintroducción de animales.
Pero expertos explican que liberar mascotas en “su hábitat”, como peces, aves, reptiles e incluso mamíferos, puede convertirlos en especies invasoras si no se comprueba su origen, lo que puede causar un daño ecológico irreparable.
Una especie invasora es aquella que, al ser introducida en un entorno que no es el suyo, se reproduce sin control, desplaza a especies locales compitiendo por el alimento o alimentándose de otras sin depredadores naturales, y altera el equilibrio del ecosistema.
Sus consecuencias pueden incluir la reducción de poblaciones nativas, la transmisión de enfermedades y daños económicos y ambientales. Un ejemplo ampliamente documentado en América Latina, Europa y Estados Unidos es el de la tortuga japonesa o de orejas rojas, que comenzó como mascota y terminó convirtiéndose en una de las especies invasoras más problemáticas del mundo.
En Florida, se cree que este también fue el origen de la invasión de pitón birmana y las iguanas verdes, cuya captura hasta la fecha sigue siendo priorizada para proteger los famosos pantanos del estado. Por esta razón, organizaciones ambientales insisten en que liberar mascotas nunca debe ser una decisión individual.
Incluso cuando el animal sea autóctono, como la jicotea cubana (Trachemys decussata), se recomienda consultar con veterinarios especializados, biólogos o instituciones de conservación que evalúen el estado de salud del animal, su capacidad de adaptación y el impacto potencial en el ecosistema.
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