Cuando termina sus clases al mediodĆa, āLeandroā, un adolescente de 14 aƱos que cursa octavo grado, regresa a su vivienda en Centro Habana, cambia el uniforme escolar por ropa de calle y comienza una segunda jornada.
Conduce un bicitaxi por La Habana para conseguir dinero destinado a comprar alimentos y ayudar a mantener a su madre y a su hermana menor.
El joven asegura que parte de sus ingresos termina convertida en arroz, pollo, pan y otros productos necesarios para el consumo diario de su hogar. La situación económica familiar lo ha llevado a combinar sus estudios con varias horas buscando pasajeros, una responsabilidad que habitualmente corresponderĆa a los adultos de la casa.
Un adolescente que trabaja para llevar alimentos a casa
Su historia muestra una de las consecuencias mÔs duras de las dificultades económicas que atraviesan las familias cubanas. Ante ingresos que resultan insuficientes para cubrir las necesidades bÔsicas, niños, adolescentes y jóvenes se ven empujados en numerosos hogares a buscar alternativas en las calles para contribuir al sostenimiento familiar.
En el caso de āLeandroā, el trabajo comienza despuĆ©s de cumplir con la escuela. Mientras muchos adolescentes de su edad regresan a sus hogares para descansar, estudiar o compartir con amigos, Ć©l vuelve a salir y pedalea bajo el sol con la esperanza de reunir suficiente dinero para aliviar parte de los gastos de su madre.
El sueƱo de convertirse en boxeador
La necesidad de trabajar no ha eliminado sus aspiraciones. El muchacho sueƱa con convertirse en boxeador y entrena en la Ciudad Deportiva. Sin embargo, incluso mantener ese proyecto representa un gasto considerable, pues explica que trasladarse hasta las instalaciones deportivas puede costarle alrededor de 1.000 pesos diarios.
Ese desembolso consume en ocasiones una parte importante de lo obtenido con el bicitaxi. Aun asĆ, intenta mantener simultĆ”neamente tres objetivos: continuar sus estudios, entrenar y generar ingresos para su vivienda. āQuisiera ayudar mĆ”s a mi mamĆ” y salir adelante para que estemos mejorā, expresó.
El adolescente tambiĆ©n reconoce que crece en un ambiente donde estĆ”n presentes la violencia, las drogas y las malas compaƱĆas. Frente a esas circunstancias, asegura que procura mantenerse concentrado en la escuela, el deporte y su familia, mientras busca en el boxeo una posibilidad para cambiar su futuro.
La crisis obliga a jóvenes cubanos a asumir responsabilidades de adultos
La experiencia de āLeandroā expone cómo las carencias económicas pueden alterar la infancia y la adolescencia. Cuando el dinero obtenido por los adultos no alcanza para garantizar la alimentación cotidiana, los menores terminan incorporĆ”ndose a actividades para generar ingresos y cubrir necesidades que deberĆan estar aseguradas dentro del hogar.
Su caso recibió mensajes de apoyo de varios usuarios, quienes le desearon éxito y lo alentaron a continuar luchando por sus sueños. Algunos destacaron su sacrificio y le pidieron no abandonar el boxeo, con la esperanza de que el esfuerzo realizado durante estos años pueda abrirle oportunidades en el futuro.
Por ahora, su rutina permanece dividida entre las aulas, las calles de La Habana y el entrenamiento deportivo. A sus 14 aƱos, āLeandroā pedalea para contribuir con la comida de su familia mientras intenta conservar un proyecto personal: subir algĆŗn dĆa a un cuadrilĆ”tero profesional y convertir ese sueƱo en una vĆa para salir adelante.