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El espía cubano que terminó cuidando a Luis Posada Carriles en Miami

Un supuesto espía cubano deportado de EE. UU. cuidó durante años a Luis Posada Carriles y se infiltró en círculos del exilio de Miami

Un hombre identificado por Estados Unidos como agente de inteligencia de Cuba terminó convertido en amigo íntimo y cuidador de Luis Posada Carriles, uno de los principales enemigos del gobierno de La Habana.

Fernando Armando Valdés Pérez, de 61 años, residió durante años en Kendall, se infiltró presuntamente en organizaciones del exilio cubano desde la década de 1990 y llegó a acompañar a Posada durante sus últimos años en Miami. Valdés fue detenido en julio en el Aeropuerto Internacional de Miami y deportado a Guatemala el 7 de agosto de 2026.

La historia fue revelada por el Miami Herald en un reportaje de la periodista Nora Gámez Torres, actualizado el 5 de septiembre de 2026. Según el medio, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) identificó a Valdés como un oficial de inteligencia cubana encargado de infiltrarse en grupos de exiliados.

Su arresto se produjo durante una operación conjunta con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza y el FBI. Posteriormente fue deportado por no informar a las autoridades migratorias sobre sus vínculos con la inteligencia cubana.

El espía cubano que ganó la confianza de Posada

La relación entre Valdés y Posada comenzó, según personas cercanas al exmilitante anticastrista, durante la estancia de este último en una prisión de Panamá. Posada había sido arrestado junto con otros tres asociados por una conspiración para asesinar a Fidel Castro durante una cumbre celebrada en ese país en 2000. Valdés comenzó a visitar a los presos con una frecuencia que despertó sospechas entre algunos de sus allegados.

Con el paso del tiempo, Valdés se convirtió en una figura cercana a Posada. Orlando González, amigo de ambos, afirmó que era su representante y apoyo. Lo llevaba a citas médicas, organizaba sus fiestas de cumpleaños y se encargaba de sus medicamentos. En Miami, según González, incluso había que coordinar con Valdés las visitas a Posada.

Cuando Posada fue liberado de una prisión panameña en agosto de 2004, González lo trasladó a Honduras. Ante el temor de un posible atentado, Posada permaneció después escondido durante más de un año en Guatemala. Allí fue acogido por Valdés. Su vivienda estaba ubicada a unos 200 metros del consulado cubano en Ciudad de Guatemala.

Las sospechas alrededor de Valdés

Los movimientos de Valdés comenzaron a generar dudas entre algunos activistas. González recordó una reunión improvisada en El Salvador con hombres que se presentaron como militares y ofrecieron armas para actividades anticastristas. Para él, aquella situación parecía una posible trampa.

Ernesto Abreu, otro allegado a Posada, también describió comportamientos que consideró sospechosos. Recordó ocasiones en las que Valdés salía de madrugada para realizar llamadas y otras en las que aparecía cerca de instalaciones relacionadas con Cuba. En Guatemala, además, permaneció junto a Posada durante su escondite.

Cuando llegó el momento de trasladar a Posada desde Guatemala hacia México, Santiago Álvarez planeó recogerlo en el barco camaronero Santrina. Álvarez había pedido que Valdés permaneciera en Guatemala por las dudas que generaba, pero Posada se negó a viajar sin él. Abreu aseguró que durante ese trayecto terminó convencido de que Valdés era un agente de la seguridad del Estado cubano.

Donaciones políticas y dudas tras la deportación

Durante sus años en Miami, Valdés también realizó donaciones a políticos cubanoamericanos conocidos por su oposición al gobierno de La Habana. Según los registros de la Comisión Federal Electoral citados por el Miami Herald, aportó 2.900 dólares a la campaña de reelección de María Elvira Salazar en 2022 y 1.000 dólares en 2024. También donó 1.000 dólares en 2018 y 2.000 dólares en 2024 a la campaña de Mario Díaz-Balart.

La deportación dejó nuevas preguntas entre los antiguos amigos de Posada. González aseguró que informó al FBI sobre sus sospechas alrededor de 2006 y que posteriormente confrontó a Valdés en un hospital. Según su relato, Valdés respondió que, si realmente hubiera sido un espía cubano, habría podido matar a Posada o al propio González.

Valdés no fue acusado de espionaje ni de actuar como agente extranjero de Cuba. El reportaje señala que los fiscales federales suelen utilizar otros cargos en este tipo de investigaciones y que esas acusaciones tienen un plazo de prescripción de cinco años. El Miami Herald intentó contactar a Valdés, pero no obtuvo respuesta. Posada murió en 2018. Nunca fue condenado por terrorismo y fue absuelto en 2011 de cargos de fraude migratorio.

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