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Muere en prisión el “Agente 202”: funcionario de EEUU que espió para Cuba por casi 30 años

Trabajó para el Departamento de Estado, y por años usó esa posición para tener acceso a reportes clasificados

Walter Kendall Myers, exfuncionario del Departamento de Estado de Estados Unidos condenado por trabajar como espía para la inteligencia cubana durante casi tres décadas, murió de cáncer a los 88 años en un centro médico penitenciario de Springfield, Missouri. Su fallecimiento ocurrió el 12 de marzo y fue confirmado por su hija, Amanda Myers Klein, a The New York Times.

Myers era conocido por las autoridades federales como el “Agente 202”. Su caso fue considerado uno de los episodios más delicados de infiltración cubana dentro del gobierno estadounidense por la duración de la operación, el acceso que tuvo y el tipo de información que pudo comprometer.

La muerte del exfuncionario reavivó el expediente de una red que no operó de manera individual. Su esposa, Gwendolyn Steingraber Myers, también fue procesada por colaborar con los servicios de La Habana. En los registros del caso aparecía identificada como “Agente 123” y “Agente E-634”.

El matrimonio fue arrestado por el FBI el 4 de junio de 2009. Walter Kendall Myers se declaró culpable de conspiración para cometer espionaje y dos cargos de fraude electrónico.

Su esposa admitió haber participado en una conspiración para obtener y transmitir información de defensa nacional.

Una red de espionaje cubano durante casi tres décadas

En julio de 2010, Myers recibió una sentencia de cadena perpetua sin derecho a libertad condicional. Gwendolyn Myers fue condenada a 81 meses de prisión.

Para Washington, el caso expuso la capacidad de penetración del aparato de inteligencia del régimen cubano en instituciones sensibles de EEUU.

Myers trabajó en áreas vinculadas al Departamento de Estado y llegó a ocupar un puesto como analista senior en la Oficina de Inteligencia e Investigación, conocida como INR. Desde esa posición tuvo acceso a reportes clasificados y documentos sobre Cuba, Estados Unidos, América Latina y otros asuntos estratégicos.

El expediente incluyó métodos tradicionales de espionaje. Las autoridades mencionaron viajes al exterior, comunicaciones por radio de onda corta y entregas secretas. Los contactos con la inteligencia cubana habrían ocurrido en Cuba, México, Argentina, Brasil, Ecuador y Trinidad y Tobago.

Admiración por Fidel Castro y falta de arrepentimiento

Uno de los aspectos más relevantes del caso fue la motivación ideológica. Según reportes judiciales y reconstrucciones periodísticas, Myers no actuó por dinero, sino por simpatía hacia el régimen castrista.

En 1995, él y su esposa viajaron a Cuba con identidades falsas y se reunieron durante horas con Fidel Castro.

Durante la operación encubierta que llevó a su captura, Myers elogió al dictador cubano ante un agente del FBI que fingía ser un contacto de la inteligencia de La Habana. “Fidel es simplemente maravilloso, simplemente maravilloso”, dijo, según The New York Times. Su esposa también habría descrito a Castro como “un estadista increíble”.

El exoficial de inteligencia cubana Enrique García, desertor desde 1989, aseguró a Martí Noticias que vio documentos secretos con membretes del Departamento de Estado entregados por el matrimonio Myers a la antigua Dirección General de Inteligencia cubana.

Según su testimonio, esos materiales eran procesados de noche en La Habana y luego enviados a altos mandos para despachar directamente con Fidel Castro.

El FBI ha comparado este caso con el de Ana Belén Montes por un patrón común: agentes guiados por convicciones ideológicas y sin señales claras de remordimiento.

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