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Más de 10 horas sin luz: apagones en Cuba por déficit de casi 1800 MW

Pese a este escenario, el régimen concentra sus inversiones en sectores como el turismo, mientras las plantas operan con tecnología obsoleta

El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Cuba vuelve a registrar este 27 de febrero una situación crítica que confirma el agravamiento de la crisis energética en la Isla.

De acuerdo con el parte oficial de la Unión Eléctrica de Cuba (UNE), el país enfrentará en el horario pico nocturno un déficit de hasta 1.746 megawatts, con una afectación real estimada de 1.776 MW, una de las más altas reportadas en lo que va de mes.

Más allá de las cifras, el dato refleja una realidad que se repite diariamente: apagones extensos, imprevisibles y generalizados que impactan de forma directa la vida cotidiana de millones de cubanos.

La UNE reconoció que durante las últimas 24 horas el servicio estuvo afectado de manera ininterrumpida y que la máxima afectación del miércoles alcanzó los 1.867 MW a las 7:10 de la noche, superando incluso lo que se había planificado oficialmente.

Según el informe, la causa inmediata fue la no entrada en funcionamiento de la Unidad 2 de la termoeléctrica Santa Cruz, pero el problema de fondo es estructural.

A la mañana de este viernes, la disponibilidad real del sistema era de apenas 1.160 MW, frente a una demanda superior a los 2.100 MW, lo que provocó apagones desde la madrugada.

Las principales incidencias incluyen averías simultáneas en varias centrales térmicas clave del país, entre ellas Mariel, Felton, Santa Cruz y Antonio Maceo, además de unidades fuera de servicio por mantenimiento en Nuevitas y Cienfuegos. A esto se suman 443 MW indisponibles por limitaciones técnicas, una cifra que evidencia el deterioro acumulado del parque termoeléctrico.

Aunque el gobierno insiste en presentar la energía solar como una solución, la propia UNE informó que los 51 nuevos parques fotovoltaicos apenas aportaron 761 MW en el mejor momento del día, una contribución insuficiente para compensar el colapso de la generación térmica, especialmente en el horario nocturno, cuando la demanda alcanza su punto máximo.

Durante febrero, el déficit eléctrico ha superado los 1.700 MW de forma recurrente, lo que confirma que no se trata de fallas aisladas, sino de una crisis sostenida.

En varios días del mes, los apagones han superado las 18 y hasta 20 horas en algunas provincias, afectando la conservación de alimentos, el acceso al agua, los servicios de salud y la actividad económica básica.

Pese a este escenario, el régimen cubano no ha presentado un plan creíble de recuperación energética. Las inversiones siguen concentradas en sectores como el turismo, mientras las termoeléctricas operan con tecnología obsoleta, falta de mantenimiento y escasez de combustible.

La consecuencia directa es una población cada vez más vulnerable, obligada a reorganizar su vida en función de la oscuridad, el calor y la incertidumbre diaria.

El déficit previsto para este 27 de febrero no solo marca otro día de apagones masivos, sino que confirma el fracaso de la gestión estatal para garantizar un servicio básico esencial.

Mientras no se aborden las causas estructurales del colapso energético, los cortes de electricidad seguirán siendo una constante en la vida de los cubanos.

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