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Primer pronóstico de huracanes para Cuba en 2026: la amenaza no desaparece

Pese a una previsión por debajo de la media, el informe advierte que no hay motivos para bajar la guardia

La primera proyección sobre la temporada ciclónica de 2026 anticipa una actividad algo inferior a la media histórica en Cuba y en los demás territorios ubicados en la franja del Atlántico, de acuerdo con el informe divulgado esta semana por la Universidad Estatal de Colorado, uno de los centros más seguidos en este tipo de previsiones.

El cálculo toma en cuenta la posible transición desde una débil La Niña hacia una fase neutral y luego hacia El Niño, un cambio que podría alterar la formación de ciclones entre junio y noviembre.

Según ese reporte, la cuenca atlántica registraría 13 tormentas con nombre. De ese total, seis llegarían a convertirse en huracanes y dos alcanzarían categoría mayor, es decir, nivel 3 o superior. La campaña oficial se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre.

¿Qué prevé el pronóstico para Cuba y el Atlántico?

Las cifras quedan por debajo del promedio climático del período 1991-2020. En esa referencia, la media anual es de 14,4 tormentas con nombre, 7,2 huracanes y 3,2 huracanes mayores. Aun así, los especialistas no plantean un panorama exento de peligro para La Isla ni para el resto de la región.

La explicación principal está en la evolución prevista de las condiciones del Pacífico ecuatorial. El documento de la Universidad Estatal de Colorado sostiene que la actual fase débil de La Niña perdería fuerza en los próximos meses.

Después vendría una etapa neutral y, más adelante, podría imponerse El Niño, incluso con intensidad moderada o fuerte durante el tramo más activo de la temporada.

El papel de El Niño y La Niña en la actividad ciclónica

El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal durante varios meses. Ese comportamiento modifica la circulación de los vientos y altera patrones de lluvia, temperatura y tormentas en distintas zonas del planeta.

En el Atlántico tropical y el Caribe, suele incrementar la cizalladura vertical del viento, una condición que dificulta la organización e intensificación de los ciclones.

La Niña representa la fase opuesta dentro del mismo patrón climático. En ese caso, las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se enfrían más de lo habitual por un tiempo prolongado.

Ese enfriamiento suele favorecer una temporada más activa en el Atlántico, porque reduce la cizalladura del viento y deja un entorno más propicio para el desarrollo de sistemas tropicales.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) también apunta en esa dirección. Su Centro de Predicción Climática indicó en su análisis más reciente que la fase neutral dominaría entre abril y junio, mientras El Niño tendría 61% de probabilidad de aparecer entre mayo y julio y mantenerse hasta finales de 2026.

¿Por qué el riesgo no desaparece?

Pese a esa previsión por debajo de la media, el informe advierte que no hay motivos para bajar la guardia. La Universidad Estatal de Colorado señala que la temperatura de la superficie del mar sigue por encima de lo normal en el Atlántico tropical occidental, aunque aparece algo más baja de lo habitual en el Atlántico oriental y central.

Ese calentamiento en una parte de la cuenca puede aportar energía extra a los sistemas tropicales. Si coinciden otras variables favorables en la atmósfera, podrían producirse episodios de rápida intensificación.

Por eso, un número menor de tormentas no elimina la amenaza para Cuba, un país que cada año encara la temporada con infraestructura frágil y una limitada capacidad de respuesta ante eventos meteorológicos severos.

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