Fidel Castro habría llegado al poder en Cuba mediante un proceso marcado por cambios de estrategia, alianzas temporales y aspiraciones políticas frustradas, según una revisión histórica difundida por Henrique Fernando Salas-Römer que cuestiona la versión oficial sobre los orígenes ideológicos y militares de la Revolución Cubana.
Antes de encabezar la lucha armada, Castro buscaba abrirse camino dentro de la política institucional. De acuerdo con el material, tenía aspiraciones parlamentarias vinculadas al Partido Ortodoxo de cara a las elecciones previstas para 1952. El golpe de Estado de Fulgencio Batista canceló esos comicios y alteró sus planes.
Las aspiraciones políticas de Fidel Castro antes de la Revolución
La interrupción del proceso electoral habría sido uno de los factores que empujaron a Castro hacia la vía insurreccional. Esta interpretación contrasta con la narrativa que presenta sus acciones posteriores, incluido el asalto al cuartel Moncada en 1953, como parte de un proyecto marxista-leninista definido desde sus primeros años políticos.
Durante su etapa universitaria y la lucha contra Batista, Castro se presentó públicamente como nacionalista, demócrata y reformista de izquierda. También evitó identificarse con el comunismo, una posición que facilitaba mantener apoyos entre sectores moderados, opositores al régimen, miembros de la burguesía y actores internacionales, especialmente en Estados Unidos.
La adopción abierta del socialismo se produjo después del triunfo revolucionario y mientras el nuevo gobierno consolidaba su poder. Según esta interpretación, el creciente enfrentamiento con Washington contribuyó a radicalizar el proceso y fue utilizado también para cohesionar seguidores, justificar transformaciones internas y enfrentar a quienes cuestionaban el rumbo político.
El papel real de la guerrilla en la caída de Batista
La revisión también relativiza la dimensión militar atribuida tradicionalmente al Ejército Rebelde. El desembarco del yate Granma en diciembre de 1956 terminó inicialmente en un grave revés. Numerosos expedicionarios murieron, fueron capturados o quedaron dispersos, mientras un pequeño grupo logró reorganizarse en la Sierra Maestra.
La caída de Batista a finales de 1958 tampoco habría sido resultado exclusivo de las operaciones guerrilleras. Influyeron el desgaste político de su gobierno, la pérdida de moral dentro de las Fuerzas Armadas, la actividad de organizaciones clandestinas urbanas, las huelgas y el deterioro del respaldo internacional que había sostenido al régimen.
Tras el 1 de enero de 1959, el nuevo escenario conservó inicialmente figuras civiles y moderadas. Manuel Urrutia Lleó asumió la Presidencia y la estructura gubernamental proyectó una imagen de pluralismo político y recuperación constitucional. Sin embargo, esa convivencia entre las diferentes corrientes revolucionarias duró poco tiempo.
De una coalición revolucionaria a la concentración del poder
Castro comenzó a incrementar su influencia incluso antes de controlar formalmente los principales cargos. Los textos señalan que utilizó movilizaciones populares, comparecencias públicas y amenazas de renuncia como mecanismos de presión. Las disputas con Urrutia y otros sectores moderados terminaron reduciendo el espacio de las fuerzas que no seguían su línea.
Castro asumió como primer ministro en febrero de 1959 y las organizaciones que habían participado junto a él contra Batista fueron perdiendo autonomía. La revisión presentada por Salas-Römer sostiene así que su ascenso respondió menos a un plan socialista preestablecido que a una combinación de pragmatismo político, lucha armada, circunstancias favorables y desplazamiento progresivo de antiguos aliados.