Ramiro Valdés Menéndez, uno de los últimos dirigentes de la generación histórica de la Revolución cubana, murió el domingo 21 de junio a los 94 años, tras más de seis décadas en puestos de poder.
El exministro del Interior fue una figura central en la creación de los organismos de inteligencia, vigilancia y represión utilizados por el régimen contra opositores y sectores considerados desafectos.
La televisión estatal anunció el fallecimiento y presentó a Valdés como comandante de la Revolución y Héroe de la República de Cuba. Sin embargo, opositores, expresos políticos y legisladores cubanoamericanos lo identifican como uno de los principales responsables del sistema represivo instaurado por Fidel Castro después de 1959.
Valdés fue fundador del Departamento de Seguridad del Estado y de la Dirección General de Inteligencia. Ambas instituciones asumieron tareas de seguimiento, infiltración y persecución de opositores y anticomunistas.
También estuvo vinculado a las operaciones contra las guerrillas del Escambray, la creación de los Comités de Defensa de la Revolución y el desarrollo de mecanismos de vigilancia ciudadana.
El dirigente ocupó el Ministerio del Interior entre 1961 y 1968, y nuevamente desde 1979 hasta 1985. Durante su primera etapa impulsó las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, conocidas como UMAP, campos de trabajo donde fueron recluidos miles de homosexuales, religiosos, jóvenes sin empleo o estudios y personas catalogadas como contrarias al sistema comunista.
Nacido en Artemisa el 28 de abril de 1932, Valdés participó en el asalto al cuartel Moncada en 1953, la expedición del yate Granma en 1956 y la ofensiva guerrillera de 1958. Durante esta última actuó como segundo de Ernesto “Che” Guevara en el avance desde el oriente hacia el occidente del país.
En 1980 ascendió al cuarto puesto dentro de la dirección del Partido Comunista y quedó encargado del área ideológica. Sus biógrafos lo describieron como un marxista ortodoxo, prosoviético y defensor de la línea dura. En 1986 fue apartado de sus cargos principales sin que las autoridades ofrecieran una explicación pública.
Valdés permaneció varios años al frente de una empresa tecnológica estatal. Su rehabilitación comenzó en 2001, cuando recibió la Orden de Héroe de la República. Regresó al Consejo de Estado en 2003, fue nombrado ministro de Informática y Comunicaciones en 2005 y alcanzó la vicepresidencia del país en 2009.
En sus últimos años ejerció como vice primer ministro y supervisó programas de construcción de viviendas, producción de materiales, generación eléctrica e inversiones industriales. Desde finales de 2025 permanecía alejado de la vida pública, en medio de rumores sobre problemas de salud que nunca fueron confirmados oficialmente.
Congresistas cubanoamericanos lamentan que se haya muerto sin pagar por sus crímenes
La congresista María Elvira Salazar afirmó que Valdés murió sin pagar por el daño causado. “Otro más que se muere y no puede pagar en la tierra todo el daño que hizo”, escribió. La legisladora sostuvo que su trayectoria será recordada en una Cuba democrática como una historia de “represión, sangre y sufrimiento”.
Carlos Giménez también lamentó que el antiguo ministro falleciera sin comparecer ante la justicia. El congresista lo acusó de crímenes de lesa humanidad, torturas y abusos contra el pueblo cubano. Mientras el régimen lo despide como un dirigente histórico, sus críticos recuerdan su responsabilidad en décadas de vigilancia, encarcelamientos, actos de repudio y violaciones de derechos fundamentales.