FARÁNDULA

Silvia Rodríguez y su obra en la plástica cubana

Silvia Rodríguez Rivero es investigadora, escritora y poeta; dice ser una persona callada, reflexiva y cuidadosa de no hacer el ridículo, pero en relación con la pintura, no tuvo ningún tipo de temor o reparo, asegura.

Cuenta con más de 30 artículos y múltiples investigaciones de su autoría editados en publicaciones sobre temas económicos nacionales e internacionales.

Con apenas siete años de carrera como artista de la plástica, Silvia asegura que la pintura le llegó de manera sorpresiva e inesperada luego de asistir a unas clases para acompañar a su hijo, “me lancé sin miedo, con unas ganas tremendas y con una fe incomprensible; comenzar a pintar me resultó una acción liberadora y de una gran plenitud”.

Para Silvia, el tema femenino es poesía, en cuanto concibe a la mujer como un símbolo poético que, quizás dice, tenga que ver con la maternidad: “el amor es una forma de fe” por eso dentro de su obra se yuxtaponen varios temas; “es cierto que está la figura de mujer de manera preponderante, pero a través de ella abordó asuntos que son vitales como, por ejemplo, las nostalgias, las lejanías, La Habana como ciudad en la que vivo, en la que he sentido todo y en la que ha crecido toda mi poética y mi necesidad de crear”.

Sobre su obra esta artista nos cuenta: “el color lo siento, lo vivo, pero prefiero que unos se disuelvan en otros. Tanto, que mis fondos son cuadros abstractos e, incluso, hay quienes me han recomendado que los deje así, pero siempre aparece la figura humana, que me sugiere relatos. Muchas veces, en esos mismos fondos, se asoman siluetas que me hablan, retan, extrañas ciudades que se me revelan y lo único que hago es plasmarlas”.

Al ser una artista de mucho talento, realiza también exquisitos retablos en madera que cada uno narra una historia con principio, desarrollo y final; son como pequeñas/grandes puestas en escena realizadas con una elevada factura y gran ingeniosidad.

La también poeta platica que aborda la pintura “sin pretensiones” y que a lo único que aspira es a pararse delante de una tela y ser capaz de llenar ese vacío con ideas. “Mi objetivo es descubrir en cada cuadro una belleza diferente. La sensación que tengo cuando concluyo una obra es que forma parte de la naturaleza, de la realidad; es un paisaje interior que se me descubre”.

Por último, dijo sentirse muy afortunada en la vida por tener a su lado personas maravillosas y el haberse iniciado recientemente en la pintura que dice fue el premio final de su vida.

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