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Cuba gira hacia un “capitalismo de Estado” mientras el régimen obliga a sus funcionarios a aprender a negociar

Régimen cubano abre la economía por necesidad y pide a sus burócratas adaptarse al mundo empresarial

El régimen cubano impulsa una transformación limitada de su modelo económico para enfrentar la crisis que atraviesa la isla, permitiendo mayor participación privada y buscando inversión extranjera sin modificar el control político del Partido Comunista de Cuba (PCC).

En este contexto, el dirigente comunista Yumil Rodríguez Fernández pidió a las autoridades municipales “espabilarse”, perder el miedo y aprender a negociar para intentar reactivar la economía nacional.

Rodríguez Fernández, vicepresidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional, realizó sus declaraciones durante una reunión en Cienfuegos divulgada por el Canal Cubano de Noticias. El funcionario afirmó que las autoridades deben “trabajar diferente” y preparar a los cuadros administrativos para negociar “en nombre del pueblo”.

La petición refleja uno de los principales desafíos del nuevo rumbo económico del Gobierno cubano: intentar incorporar herramientas del mercado después de décadas de planificación centralizada, pero manteniendo el control político del PCC sobre las principales decisiones del país.

Durante décadas, la economía cubana funcionó bajo un esquema donde el Estado controlaba prácticamente todos los sectores productivos. Sin embargo, la falta de divisas, la caída de la producción, la crisis energética, la inflación y el deterioro de los servicios han obligado a las autoridades a aceptar nuevos actores económicos.

Cuba busca un modelo similar al de China y Vietnam, pero con fuertes limitaciones

La estrategia oficial apunta hacia una forma de capitalismo de Estado, donde el Gobierno permite ciertos mecanismos de mercado mientras conserva el control sobre sectores considerados estratégicos. La expansión de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Mipymes) y la búsqueda de inversión extranjera forman parte de esta adaptación.

El modelo presenta similitudes con China y Vietnam, países donde partidos comunistas mantienen el poder político mientras permiten una mayor participación empresarial y comercial. Sin embargo, Cuba enfrenta condiciones diferentes debido al deterioro acumulado de su aparato productivo, la baja productividad y la dependencia de importaciones.

El Estado mantiene bajo su control áreas clave como energía, telecomunicaciones, turismo y comercio exterior. Además, conglomerados vinculados a las Fuerzas Armadas, como el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), continúan teniendo influencia en sectores económicos relevantes.

Por estas características, algunos análisis califican este intento como un modelo híbrido o “Frankenstein”: una combinación de apertura económica limitada con estructuras políticas diseñadas para una economía completamente estatalizada.

Economistas cubanos han advertido que estas reformas podrían generar nuevas desigualdades si se aplican sin transparencia, controles independientes ni garantías jurídicas para los actores económicos.

Funcionarios cubanos deben cambiar una cultura basada en la burocracia

La solicitud de Rodríguez Fernández expone la dificultad del régimen para adaptar su aparato administrativo a una nueva realidad económica. Durante décadas, los funcionarios cubanos estuvieron formados bajo un sistema donde predominaban las órdenes estatales, los planes centralizados y la poca autonomía empresarial.

Ahora, las autoridades exigen habilidades relacionadas con negociación, gestión, búsqueda de financiamiento y relaciones con inversionistas. “Puede haber temerosos, gente preocupada, pero no podemos tener miedo”, afirmó el dirigente durante su intervención.

El llamado a negociar supone un cambio frente a una estructura acostumbrada a administrar recursos asignados por el Estado. La nueva dinámica obliga a los funcionarios a relacionarse con actores privados nacionales y extranjeros, una práctica que durante años fue limitada dentro del modelo socialista cubano.

Apertura económica bajo control político

Aunque el Gobierno busca aumentar la eficiencia y captar recursos, mantiene restricciones que limitan el crecimiento independiente del sector privado. Las Mipymes han permitido ampliar la oferta de algunos productos y servicios, pero continúan bajo supervisión estatal.

La contradicción central del proceso es que el régimen necesita empresarios capaces de generar ingresos, pero mantiene controles para evitar que esos actores acumulen una influencia económica que pueda escapar del control político.

La apertura económica cubana surge como una respuesta a la crisis y no como una reforma destinada a abandonar el modelo socialista tradicional. El desafío para las autoridades será obtener recursos mediante mecanismos de mercado sin modificar la estructura de poder del Partido Comunista.

En medio de apagones, escasez de combustible, inflación y pérdida del poder adquisitivo, Cuba intenta construir una fórmula intermedia: utilizar herramientas del capitalismo para sostener la economía mientras mantiene intacto el control político que ha caracterizado al sistema durante décadas.

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