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Nueva ley de Aduana en Cuba: más poder para el Estado y más control sobre viajeros

Los agentes de la Aduana de Cuba tendrán más poder si sospechan que se está cometiendo un delito

La nueva legislación aduanera de Cuba entra en vigor este martes con un aumento claro del control estatal sobre pasajeros, equipajes y mercancías. El Decreto-Ley 108, acompañado por el Decreto No. 134 y nueve resoluciones complementarias, comenzó a regir tras su publicación en la Gaceta Oficial No. 7 del 20 de enero de 2026.

El paquete refuerza la autoridad de la Aduana General, amplía sus competencias y coloca varias de sus actuaciones al nivel de los órganos de instrucción penal.

La reforma elimina 41 disposiciones anteriores y reemplaza por completo el esquema legal que regía hasta ahora.

Con ello, la jefatura de la Aduana concentra nuevas facultades para reorganizar unidades internas, aprobar regímenes especiales y decidir sobre la retención, el decomiso o la declaración de abandono de mercancías a favor del Estado.

Qué significa el cambio

Uno de los puntos más importantes del texto es el alcance de sus nuevas atribuciones. Cuando existan sospechas de delito, las actuaciones de la Aduana tendrán la misma validez que las de un órgano de instrucción primaria.

Eso coloca a la institución en un terreno que antes estaba reservado a estructuras policiales y judiciales.

El artículo 12 deja clara la orientación política de la norma. Según el decreto, la Aduana debe “garantizar la seguridad de la sociedad socialista”.

La expresión no aparece como un detalle aislado. Se repite dentro del documento y confirma que la vigilancia ideológica pesa tanto como el control técnico en la gestión fronteriza.

Más vigilancia en aeropuertos y puertos

La norma también convierte en práctica fija el uso de mecanismos de inspección tecnológica en los puntos de entrada al país. Los controles radiológicos a personas y equipajes quedan formalizados, al igual que las revisiones con perros entrenados y la presencia obligatoria de cámaras de circuito cerrado en áreas aduaneras.

Quien se niegue a pasar estos controles podrá ser impedido de entrar a determinadas zonas o de abordar un medio de transporte internacional. En otras palabras, la negativa a cooperar con la inspección tendrá un efecto inmediato sobre el viaje o el acceso a la terminal.

¿Qué pasa con las maletas y los envíos a Cuba?

El nuevo marco se apoya además en las resoluciones 529 a 537 de 2025. Estas regulan el control de mercancías, el aprovisionamiento de buques y aeronaves, los depósitos temporales, los distintos regímenes aduaneros, el abandono de bienes, la certificación de operadores confiables y la supervisión de medios navales, aeronaves y cargas.

Para la diáspora, uno de los asuntos más sensibles era saber si cambiaban las reglas sobre maletas y envíos personales. En ese punto, las autoridades mantuvieron lo dispuesto en la Ley 22/20. Siguen vigentes las facilidades para importar, sin carácter comercial, alimentos, productos de aseo, medicamentos e insumos médicos.

También permanece el beneficio aplicado a las plantas eléctricas de más de 900 vatios, adoptado por el propio régimen en medio de la crisis energética. Ese aspecto no varía, aunque el nuevo andamiaje legal sí endurece el resto del entorno de control.

Desde el discurso oficial, la reforma fue presentada como una actualización moderna y transparente.

Incluso se habló de armonización con estándares internacionales y de unas 600 propuestas recogidas durante su elaboración. Pero la letra del decreto apunta en otra dirección: más poder discrecional, más vigilancia y más herramientas legales para vigilar el flujo de personas y bienes en un sistema cada vez más cerrado.

Para quienes viajan a la Isla o envían ayuda desde el exterior, el mensaje es claro: la Aduana cubana tendrá ahora un margen de acción mucho mayor.

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