Una investigación sobre negocios turísticos vinculados al Estado cubano reveló operaciones millonarias desarrolladas fuera en China, mientras Cuba atraviesa una profunda crisis económica que tiene en la precariedad a toda la población.
La información fue divulgada por la investigadora cubana Salomé García, quien reconstruyó la historia de SunCuba S.A., una empresa creada a principios de los años 2000 mediante una asociación entre el grupo estatal Cubanacán y la compañía china Suntime.
Entre los proyectos impulsados por esa alianza figuraba un hotel de lujo en Shanghái y una inversión turística prevista para la Marina Hemingway, en La Habana.
Según la documentación recopilada por García, la iniciativa en China recibió un financiamiento de 72 millones de dólares otorgado por el Banco de Shanghái para la construcción de un hotel cinco estrellas en Pudong, uno de los principales centros financieros del país asiático.
La instalación comenzó a operar en 2010 bajo administración de Meliá y posteriormente pasó a ser gestionada por la cadena Kempinski. Con el tiempo, el inmueble adoptó el nombre de Grand Kempinski Hotel Shanghai.
Más allá del hotel en sí, el caso ha despertado interrogantes por la participación de empresas estatales cubanas en inversiones internacionales de alto valor, mientras la población dentro de la Isla enfrenta serias dificultades, marcada por apagones, inflación, escasez de productos básicos y una fuerte caída del turismo.
La investigación señala que no existe información pública detallada sobre los beneficios obtenidos, la administración de los recursos o el destino final de los ingresos generados por estas operaciones.
Entre las personas vinculadas al proyecto aparecen varios directivos relacionados con el sector turístico cubano. La investigación también recuerda que durante una visita oficial a China en 2018, Miguel Díaz-Canel fue recibido en esas instalaciones por representantes asociados a la empresa conjunta.
El otro gran proyecto impulsado por SunCuba estaba previsto para la Marina Hemingway, en el oeste de La Habana. Los planes contemplaban la construcción de un hotel de aproximadamente 600 habitaciones con participación de inversionistas chinos y entidades estatales cubanas.
Sin embargo, la obra nunca llegó a materializarse. A lo largo de varios años surgieron referencias a modificaciones en la estructura accionaria y en los acuerdos de participación, pero no existen explicaciones públicas claras sobre las razones que impidieron su ejecución ni sobre el destino de los compromisos financieros asumidos.
La investigación también menciona otros acuerdos de cooperación entre Cuba y China relacionados con infraestructura y transporte marítimo, así como el reciente acercamiento entre ambos países en materia turística.
El tema adquiere relevancia en un contexto de creciente dependencia económica de La Habana hacia Beijing y de mayores dificultades para atraer inversiones occidentales. Además, algunas entidades cubanas involucradas en estos negocios han sido objeto de sanciones por parte de EEUU.
El caso de SunCuba vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente: la falta de transparencia en torno a grandes proyectos gestionados por empresas estatales cubanas.
Mientras continúan las dificultades económicas dentro de la Isla, persisten las preguntas sobre cuánto dinero generan estas inversiones internacionales, quién administra esos recursos y qué beneficios concretos llegan finalmente a la población.